domingo, 9 de febrero de 2020

CUANDO LLEVAS EN EL ALMA EL CAMBIO SOCIAL


Utópica. Ingenua. Idealista (sin puntocom). Jipi. Ilusa. Soñadora. Ya se te pasará. Ya está con sus cosas. La kuki.

Todo eso y mucho más. Mucho tiempo. Todo el tiempo. Desde que tengo memoria. Casi me lo llegué a creer. ¿A ti te lo decían? Que estabas loca, que eras rara, que no eras realista, que demasiado sensible, que demasiado fe en la humanidad. Casi me lo creo. Menos mal que no.

Todas las personas que te dicen eso, no han hecho nunca, nada, que les haga sentir que están marcando la diferencia. Que han cambiado una vida. Que dejan alguna huella de mejora en el mundo. Nunca. Por eso quieren que tú tampoco, que tú nunca, que tú nada. Pero tú no eres tampoco, ni nunca, ni nada. Tú eres vamos, hagamos, cambiemos. Tú llevas en el alma el cambio social. ¿Y sabes qué? Es imparable.




Es invencible, es superlativo. Lo tienes, y sale, ya veremos cómo. Es inexpugnable, es inevitable, es fuerza de huracán, huracanes que se buscan, se encuentran, que arrasan la desidia, desatan ciclones de transformación, de avance, de sonrisa proyectada, de abrazo ante el agravio. A veces amaina, en ti, la intensidad del impulso. Descansas, respiras, vuelves. Es lo que eres. En ocasiones quisieras no serlo. Da igual, eres irremediable, necesaria, cíclica y enérgica. Sigues.

Leí una vez “que todo lo que pase a través de ti, se transforme”. Nadie te habla de cómo te transforma lo que se transforma. Del famoso aleteo de mariposa que acaba en tifón-bumerán, que te vuelve: facilitaste una chispa, y hoy arde el alma de un mundo. Calor de la llama del hogar común. Llevabas en el corazón a fuego el cambio social. Solo podía prender, aprender, aprehender. Pólvora vital, irremisible, inquebrantable.

Desde tu cuarto, tu barrio, tu curro o tu gerencia. Cambiarás el mundo porque cambias un micromundo; porque tu poco es mucho, porque mucho se hace con miles de pocos. Porque somos más de lo que imaginas, y, sobre todo, más de los que imaginan. Porque empezamos a reconocernos y a mirarnos a los ojos, y ya no hay miedo, ni pudor, ni duda, ni “bah, ¿para qué?”, ni soledad desgarradora de quien desagua un barco a dedales. Porque llevamos el cambio social en las entrañas, y acompañamos en la mejora de caminos vitales que cambian el mundo; Aunque suene pretencioso, aunque suene autocomplaciente. Es lo que hacemos. ¿Tú no? ¡Ah! Haber elegido susto.

lunes, 30 de diciembre de 2019

LO QUE APRENDÍ EN LOS SILENCIOS DE JUNIO

Han hecho falta meses para esta digestión. Ha hecho falta la perspectiva del tiempo, la distancia del foco, la calma tras la euforia gustosa. Ha hecho falta mucha pantalla en blanco y mucho repaso de recuerdos atesorados para sentarme a escribir lo que aprendí en los silencios de junio.

Me ha pasado varias veces en la vida, y he de decir que lo he vivido como una sensación absolutamente maravillosa, que visualizo una idea y es de una nitidez tan abrumadora, que sé positivamente que es una foto de futuro. Y así fue con el evento para el aprendizaje que organizamos en junio de 2019.


No voy a hablar del trabajo que llevó detrás, porque, aun siendo emocionante, se puede imaginar que eso daría para otro episodio, incluso temporada completa, ¿verdad David?

Quiero compartir los momentos que no eran el evento, los instantes que no eran objetivo, los ratitos, esos ratitos en que siete personas preciosas me hicieron un hueco en sus tiempos. 

Los ratos en los que descubrí que tenía en común con estas personas extraordinarias aquello tan mío de que el amor y el humor han de ser la base de todo. Y en este caso, madre mía, sobre todo el humor. Cuanto me reí esos días… gracias, no tiene precio.

Los momentos en los que de pronto, la Arnáiz está en los pasillos de tu oficina haciendo sus cosillas de Arnáiz, y solo de su sonrisa ya puedes aprender lo que es brillar. Qué emocionante abrazar así a alguien que te inspira tanto desde su propia generosidad.

Los silencios en que asistí, como invitada privilegiada y de manera absolutamente espontánea, al asentamiento de ideas de futuro en la empleabilidad… paseando por Gran Vía. Como en las películas, te lo juro: pim pam, idea, pim pan, intercambio, pacá pallá, síntesis, y al Cejudo se le enciende una bombilla sobre la cabeza (y eso es ya muy arriba) y zas, entre todos, lanzamiento de conceptos absolutamente válidos para el acompañamiento al empleo. Y ya le iremos dando forma. Y yo en silencio, haciendo con que no flipaba.

Los instantes en los que la hermosa espiral de complicidad que hay entre estas personas, luminosa y colorida, te arrastra amablemente, y compartes inquietudes, sonrisas, rincones emocionales, proyectos, dudas, alegrías… vida.

Los silencios en los que aprendí que la ternura y sabiduría antigua de Elena, la visión absoluta y el humor de David, el sarcasmo y los guiños laborales de Enrique, la poderosa presencia de Eva, la cercanía afable-profesional de Andrés, el cariño formidable del trabajo de Guillem y la entrega apasionada de Marta, eran un compendio maravilloso de sensaciones y vivencias que me iba a llevar para mí, y que me acompañarían de manera férrea en mi camino.

Los silencios, en los que David me miraba y me decía: tranquila, es normal. 

Los silencios en los que gritaba por dentro.

Los silencios que necesité para atrapar cada instante de crecimiento profesional, de nuevo haciendo difusa la línea que separa de lo personal, si es que sigue existiendo. Silencios en los que sentía cómo me recorría por dentro una inmensa alegría, juguetona y casi pueril, por haber podido dar eso a mi gente. Lo merecen todo.

Los silencios que fueron pura energía de recarga. De recuerdo. De reafirmación. Por aquí, sí.

Lo que aprendí en los silencios de junio… 

¡Lo que aprendí en los silencios de junio!

jueves, 21 de noviembre de 2019

BRILLAR EN LA OSCURIDAD


Artículo originalmente escrito para el Blog de Elena Arnáiz #HoyBrilla y publicado el 9 de noviembre de 2019.

Me gustaría hablaros en esta preciosa tribuna que me prestan, sobre cuando ser gusiluz es la única opción, elegida o no. Esas ocasiones en las que brillar es la única forma de arrojar luz en el camino. Aun sin querer. Me explico.

Seguro que, expresado de una forma u otra, has escuchado o leído alguna vez aquello de “si te encuentras mal, ayuda a otros y te sentirás mejor”. Una cosa te voy a decir, descubrí que eso era cierto sin hacerlo a propósito. Sin querer, sin intencionarlo. Me di cuenta de que eso me pasaba a mí. Y no solo a mí. Pero también a mí. Absolutamente metamórfico. Completamente luciernagante. En momentos de plena penumbra, hacerte luz, es la única forma de que HAYA luz. Pero que no hace falta que busques una receta, ni los 10 tips a seguir, ni cómo lograrlo paso a paso. Que recuerdes que a ti ya te ha pasado, seguro. Mira a ver. Seguro. Y a lo mejor ni te has dado cuenta de que tú también brillas en la oscuridad.

Yo me di cuenta que me ocurría, sin ponerlo en práctica egoístamente, sino al revés, me sucedía para mi bien sin ser esa la intención primera.
Claro, cuando te das cuenta, engancha. No hay ejemplo más claro del manido win-win.



Da igual que estés apagada
Recuerdo que, con una compañera de trabajo y amiga, nos dimos cuenta que daba igual cómo estuviéramos anímicamente, había algo que siempre mejoraba nuestro ser, y era la semana que teníamos que dedicarnos a impartir sesiones de empoderamiento personal y profesional a grupos de búsqueda de empleo. Era absolutamente transformador y, además, automático. Tanto, que cuando teníamos un día gris, adoptamos la expresión “necesito una semana de talleres”. Es entrar en el aula, y cambia hasta la postura corporal, la expresión de la cara, el tono de voz. Y lo mejor, es que te lo llevas, no es solo el ratito de intervención, esa mejora se queda en ti, te hace brillar en tu oscuridad.

Nos sigue pasando. Me sigue ocurriendo. Con caga grupo al que intento motivar, animar al cambio, negociar mejoras. Acompañar y caminar juntas. El reto de cambiar la energía de un equipo, requiere tal inversión emocional, que, en efecto, se invierte dicha energía, también la tuya, haciéndote brillar. Comienza siendo un brillo más interno, casi una vibración, que acaba explotando y brotando por cada poro de tu piel, imparable, inapagable. 

Cuando te miran esperando luz, da igual que estés apagada. Como esos detectores de los baños que te hacen hacer aspavientos, tu gente se convierte en gestos y de manera automática, por detección de la necesidad, se enciende tu luz, y brillas en la oscuridad, en tu oscuridad.

Si las heridas sangraran flores
Me encanta el estribillo de una canción que escribió un amigo, que decía “si las heridas sangraran flores, te haría un collar de tantos colores, que quedarían sin luz los soles”. Tal cual. Tener valores firmes en ocasiones (te) hace daño, ser coherente a veces (te) lastima, vivir en el universo de las personas altamente sensibles, produce heridas. Heridas que sangran flores, que necesitan luz para sanar.

Cuanto más oscura sea la senda que recorres, mayor parecerá la luz de cualquier pequeño destello. Mayor la sensación de resurgir, de “por ti me hago luz” aunque sea inconscientemente. Si las heridas sangraran flores… crecerían con la luz de los ojos que acompañan, de los ojos espejo, de los ojos que resurgen para otros ojos empañados.

Lo que te vuelve brillo
Cuando el alma está sombría, y el cuerpo es debilidad, y se instala el ‘a punto de llorar’ muchas horas al día. Cuando la oscuridad que da la tristeza lo cubre todo, y se tiñen de negro cielo y tierra. Ahí, descubrirás lo que te hace volver, lo que te hace brillar, lo que te vuelve luz. Esos días que más que amanecer pareces resucitar. Observa qué es lo que te hizo brillar. Por favor, agárralo fuerte. Hazlo cotidianidad.

Todas deberíamos encontrar aquello que, mediante la interacción, nos hace brillar en la oscuridad.

Porque ese brillo es el esencial, no nos hace brillar sobre otros, ni más que otros, ni deslumbra, es el brillo de la supervivencia y la superación, de la entrega, de la transformación, personal y social, ese es el que cambiará el mundo oscuro que tenemos, dentro y fuera, el que surge cuando anteponemos lo común a lo individual, cuando damos al otro su lugar sin perder de vista el nuestro, el que salva el alma propia y colectiva, el brillo que inunda sin ser invasivo, el que señala caminos mejores, el que ayuda a trazar vías de esperanza y a dibujar los mejores escenarios posibles. El brillo que surge del momento más lúgubre para salvar el día, o para salvar la vida. El más ancestral, genuino, que emana del pecho y recorre tu esencia; que tiene su génesis en no sabes dónde, porque te parecía imposible en ese instante, en ese lugar emocional. Y de repente, luz.



domingo, 1 de septiembre de 2019

LAS COMPETENCIAS DIGITALES TAMBIÉN SON AMOR

Estamos en el momento álgido de publicaciones, decálogos y artículos sobre las competencias digitales para el empleo, para el futuro, para la búsqueda, para la vida.

Yo quiero hablar de las competencias digitales de quien realiza acompañamiento al empleo.

Oh no, ¿esto también va conmigo? Oh si, baby.

        Las competencias digitales del técnico de empleo, también son amor. Si te enamora tu profesión, si tu vocación es tu camino, si te sientes afortunada porque esta ocupación te eligió a ti y todo lo demás con lo que se nos llena la boca y los posts de decirlo, las competencias digitales deberían ser tu nuevo amor, ese momento de la relación en el que “te reencuentras con tu otra mitad” tras muchos años de camino juntos, y lo amas de nuevo como el primer día (o eso pones en Facebook… si tienes, ejem ejem).




“Se me caería la cara de vergüenza” decía el compañero Enrique Cejudo hace poco en una ponencia, “si alguien se sienta delante de mí y le digo que tiene que hacer cosas que yo no soy capaz de llevar a cabo”. Pues ahí vamos. Y seamos realistas, esto lo vemos con demasiada frecuencia en cuanto a competencias digitales de la figura orientadora se refiere.

¿Voy a redactar un artículo con dichas competencias enumerándolas y relacionándolas con nuestras funciones? No exactamente. Por esta vez. Pero sí, como suelo intentar, os invito a la reflexión sobre el tema. Damos por hecho que esas habilidades son inherentes al puesto, pero bueno, también la empatía y la capacidad de interacción social, y hay de todo en la viña del Señor… por desgracia.

Sin entrar en detalle, que como decía me reservo para otro momento, simplemente, si identificamos las 5 grandes áreas de la competencia digital, que alguien me diga cuál de ellas no forma parte de nuestra cotidianidad:

1)  Información: Saber hacer bien las búsquedas de información a facilitar, de manera ajustada, eficaz, personalizada, que se adapte a la necesidad concreta de cada momento, de cada persona. Hacer esto de manera correcta, poniendo en el centro las necesidades de la persona que acompañamos, también es amor.

2)  Comunicación y colaboración: Interactuar mediante redes sociales con beneficiarios/as y compis de profesión, tener referentes, realizar trabajo en red… todo ello, madre mía, sin ninguna duda, también es amor. Amor por tu trabajo, por ti misma, por las personas que merecen tu digitalidad a su servicio.

3)  Creación de contenido: Preparar una sesión de acompañamiento al empleo… es puro amor. ¡Y pura creación de contenidos! Conocer aplicaciones y programas que lo hagan más visual, estructurar en fondo y forma digital la información a transmitir… amor del güeno.

4) Seguridad: Velar por el bienestar tecnológico y digital de tus personas en búsqueda, que cuiden su imagen, naveguen de forma segura y sepan estar en la red, ¿es o no amor, nen?

5) Resolución de problemas: Identificar las carencias digitales ¿es tu trabajo? Ou yeah, y es amorcito. Y disponer de la tecnología para la solución creativa de problemas emergentes, también. Love.


        Llevo dos años entrenando y empoderando equipazos de empleo digitalmente, y os aseguro que la teoría se la saben todos toditos, pero la puesta en marcha, en serio y con rigurosidad, de toda esta movida, requiere un compromiso con una misma, con su profesión y con sus personas del otro lado de la mensa y del aula, que solo puede emprenderse desde el amor.

También os digo, la persona que encuentra la esencia de porqué todo esto es importante y lo da el lugar céntrico que merece en su profesionalidad, empieza un proceso de florecimiento que deslumbra, que inspira, que ejemplifica. Y como decía, se vuelve a enamorar de la profesión, se reencuentra con su ilusión y consigue darle un aire nuevo a lo que podía haberse convertido en algo decadente o al menos, rutinario para mal.

Puede que cueste, como cualquier cambio de hábito y adquisición de destrezas nuevas, pero merece la pena a tantos niveles que compensa sobradamente. Amor.


        Verdad verdadera: Para acompañar a buscar empleo, tienes que saber buscar empleo. Pedazo de obviedad, ¿cierto? Pero no sobra decirlo, os lo puedo asegurar. Muchísimo personal técnico de orientación, buscó empleo por última vez hace mil, o hace poco y mal, que seguimos viendo cada candidatura a puestos de técnico que pone los pelos de punta (-> ¿Pero a quién vas a orientar tú, alma de cántaro, con ese CV y esa actitud? como frase de cabecera demasiado habitual en las entidades y recursos con procesos de selección abiertos). Entonces, no me digas, por ejemplo, en lo digital que nos atañe hoy, que te sirve con conocer las apps de empleo que hay, pero que no te las instalas porque uy uy uy no tengo espacio. Eres orientadora / prospector / técnico de empleo, DEBES tener y por supuesto, saber utilizar, un buen smartphone (esto da para otro post) y por descontado, saber utilizar los recursos que recomiendas. Entramos en ese terreno pantanoso del que ya he hablado, recuerda que No tienes derecho a robar oportunidades. Échale amor, cari 😉

La alegría es que veo que realmente empezamos a concienciarnos de que esto es así, y lo comenzamos a incorporar, y perdonad que me repita, aunque nunca sea suficiente, desde el amor y no desde la obligatoriedad impuesta. Y siendo honestos, ese es el único enfoque que va a funcionar, como en todo: cuando crees en ello, le echas cariñito, entiendes su valía, te formateas por ellos y ellas, y recuerdas por qué demonios te metiste en este fregao del acompañamiento al empleo. Y recuerdas que fue por amor; o tal vez por casualidad o de rebote, pero como con la marca de telecomunicaciones: viniste por azar, pero te quedaste por la emoción.


Te invito encarecidamente a poner tu energía en digitalizar tu Amorientación. Es tu momento.

martes, 23 de julio de 2019

TU IMPRONTA ES TU MARCA

Tranquis, este no es un artículo sobre marca, ni personal ni otra. O sí, pero no pretende serlo.

Es un post sobre emociones, como es habitual.

Las emociones que generas en otros. ¿Y otros en ti? Tal vez.

Y sí, vuelvo a hablar de profesionales del empleo. Orientadoræs principalmente. Y de otras personas importantes.




Suelo tener muy presente la frase de la artista y activista Maya Angelou: “La gente olvidará lo que dijiste, lo que hiciste, pero nunca olvidará cómo la hiciste sentir” porque la primera vez que la leí, entendí muchas cosas. Entendí, en primer lugar, que era absolutamente cierta. Entendí que la perfección de unos contenidos, también está en cómo los transmitas, y comprendí que no puedes aportar valor a otros si no crees desde el fondo de tu alma en aquello que les estás contando.

Puedes ser una persona exitosa, hacer charlas, vender libros, acumular likes a miles… pero todo será efímero, y lo más grave, intrascendente para ti y para el mundo, si no has generado emociones significativas. Y ojo, porque es fácil provocar sensaciones impactantes momentáneas. Pero emociones significativas… es otra cosa.

Nunca olvidarán cómo les hiciste sentir. Esa es la clave. Esa es tu impronta. Y sabes que una verdad es verdad cuando te pones al otro lado, y recuerdas quién te ha hecho sentir qué y cómo. Y cuando lo cuentas, suele empezar con algo como: no recuerdo exactamente lo que dijo, pero me sentí... fenomenal/estupefacta/entusiasmada/fatal/impactada. Ahí lo tienes. Y si recuerdas exactamente lo que dijo, es por cómo te hizo sentir aquello.

La impronta. Mi madre era la matriarca de mi familia extensa. Era una mujer de carácter, con un gran sentido del humor pero también de mucho mal genio que decíamos antes, muy vehemente e histriónica; e increíblemente generosa, en lo personal y en lo social. Y muy, muy matriarca. Falleció hace cuatro años, tras 17 de estar muy limitada vitalmente. Por su estado de salud, la mayoría de los familiares que regresaban de visita a nuestra ciudad desde lejos, por aquello de la fuga de talentos, una de las primeras cosas que hacían era pasar por su casa a visitarla. Allí reíamos, nos reñía por algo, la vacilábamos... nos juntábamos algunos un rato. Tras cuatro años sin ella, una de las primeras cosas que siguen haciendo nuestros familiares, es pasar por esa casa. Ahora vivo yo. Es mi casa, pero es su impronta.

Nunca olvidarán cómo les hiciste sentir.

Hace tres años, mientras intervenía en orientación y acompañamiento al empleo mediante itinerarios personalizados de inserción, desarrollé una actividad de la que he hablado en numerosas ocasiones, La fuerza de una imagen, en la que, mediante unas sesiones de fotos y un montaje audiovisual, les hicimos ver a unos cuantos jóvenes todo lo positivo que proyectan. La actividad en sí, fue una pasada. Os aseguro que nunca olvidarán lo que les hicimos sentir. Pero igualmente, no se puede entender como una acción aislada, sino como culminación de un recorrido de muchos meses de trabajo. Las personas protagonistas no fueron elegidas al azar ni mucho menos, y no se hubiera alcanzado el objetivo que tanto nos emocionó, si no hubiera habido detrás todo un camino recorrido juntos en el que también se les acompañó a sentir. Eso es lo que marcó el punto de inflexión que fue esta actividad: estábamos sembrando sobre campo arado y no lanzando semillas a ver si alguna germinaba. Y probablemente habían olvidado muchos conceptos de los talleres previos y pautas de las sesiones de orientación, pero habían aprendido a mirarse de otra forma, y no olvidarían cómo eso les hace sentir. Eso es lo que recordarán. Cuando presenten su candidatura, cuando hagan una entrevista. Eso también es orientación. Es seguridad, es crecimiento, es emoción. Es, de hecho, fundamental.

Es cada vez que te dicen “tú me lo enseñaste”, y por más que repasas tus índices de contenido, eso no venía. Pero es que lo aprendió en el cigar del descanso con la charla informal, o mientras hablabas de otra cosa que por asociación de ideas le hizo entender. Nunca olvidarán cómo les hiciste sentir. Y tú, nunca olvidarás cómo te hicieron sentir con cada “tú me lo enseñaste”. Droga dura. Respira, que no se note que te explota el orgullo por dentro, no vaya a parecer amor propio, y te tiemble el labio al intentar hablar. Porque tu impronta les ha dejado huella, pero lo que nunca sabrán es que cada uno de ellos y ellas, cada historia, cada avance, cada guiño, cada risa compartida, cada abrazo inesperado… han dejado en ti mucho más que un recuerdo entrañable. Porque olvidarás lo que dijeron, lo que hicieron, pero nunca olvidarás cómo te hicieron sentir.

domingo, 2 de junio de 2019

GRACIAS, TÚ


Ya empieza a conocerse bien, o al menos mejor. Ya no es la profesión ultra desconocida de hace años. El acompañamiento al empleo, ya nos suena, la orientación laboral está casi en la cotidianidad. Pero seguramente la mayoría de las personas no conocen en profundidad a la figura del técnico de empleo.

Y no me refiero a cuáles son sus funciones, o cuales han de ser sus competencias, o qué perfil es el adecuado. Sino a la persona que hay detrás del técnico de orientación y acompañamiento al empleo. En primer lugar, le vamos a cambiar la terminación, porque el 90% son orientadorAs, ese dato ya nos acerca un poco más a la figura real de la que quiero hablaros. Pero, sobre todo, a las que quiero mostrar agradecimiento.



Gracias, porque tu papel no es, como muchas piensan, tres tutorías, un currículum y cuatro sesiones grupales. Es mucho más. Gracias por la integralidad.

Gracias, orientadora, porque tu primera sesión es a menudo la catarsis de una vida a la deriva, real o magnificada, que has de contener y calibrar, que sostienes con destreza para que no se desmorone, y que, en medio del huracán, has de reconducir hacia la esperanza.

Gracias, porque desde ese momento estás haciendo terapia (entiéndase el término alejado de la clínica), pero sí en muchas ocasiones cubriendo un servicio que debería venir dado como derecho ciudadano y que ejercemos otras figuras con la templanza que da la experiencia.

Gracias por la inquietud con la que esperas si vendrá o no la segunda sesión… si vuelve ¿algo fue bien?, y si no, ¿dejadez o insuficiencia?

Gracias por la sonrisa de recibimiento. No, no es tan habitual. Sí, es muy necesaria. Puede cambiarlo todo.

Gracias por diseñar sesiones de intervención grupal que despertarán sueños y renacimientos, que recuperan la chispa interior, que tejen redes irrompibles, que infunden (auto)confianza, empujan a la sonrisa, recuerdan esencias, cambian miradas, devuelven las ganas de hacer y ser, y dibujan futuro. Gracias por hacer todo esto, muchas veces, después de cenar o el sábado por la tarde…

Gracias por apostar por aquella persona que hasta a ti te da miedo que abandone, pero a quien transmites tu entera confianza, para que se enganche a través del vínculo y triunfe gracias a su esfuerzo y talento, del que ni era consciente.

Gracias por la lupa que facilitas a las personas empequeñecidas, mediante la cual consiguen verse, verse mejor, verse más, verse real, crecer, ser.

Gracias por seguir buscando acciones formativas que tengan algo de innovadoras, algo de motivadoras, algo de futuribles, algo de accesibles… para que le sirva, le cualifique, le capacite, le brinde oportunidades.

Gracias por esperar hora y media en una sala o un pasillo, hasta que te recibe una persona en una empresa a la que has de convencer de todo lo anterior, y conseguir que te lo compre, que crea en ello, que nos acompañe. Gracias por hacerlo sacrificando tu conciliación.

Gracias por la llamada maternal cuando te avisan en la empresa que alguien no ha asistido a las prácticas, y das la cara por esa persona, mientras por la otra línea le pegas un rapapolvo que tumba cualquier excusa.

Gracias por la incesante búsqueda de posibilidades, por las llamadas infinitas cazando oportunidades, por diversificar opciones por si acaso.

Gracias por ESA llamada: mañana tenemos entrevista.

Gracias por ESA llamada: Has sido seleccionada.

Gracias por esos días en lo que piensas: no llego. Y coges aire, y piensas “Por ell@s, sigo”. Y a veces cuesta un enfrentamiento personal, un restar tiempo a ‘lo otro’, un anochecer en la oficina. Pero, por ell@s, sigues. Es la diferencia entre profesión y vocación.

Gracias por hacerlo todo al módico precio de los salarios en el ámbito social… porque claro, todo lo anterior, que tiene como consecuencia, “simplemente” cambiar vidas, no se puede comparar a otros rangos salariales industriales o financieros, porque par favar, lo social, da gracias que es remunerado, calla ya.

Gracias por la resiliencia, que está muy de moda ahora, pero nosotras la conocimos hace mil. Nos la enseñaron nuestras persona beneficiarias.

Gracias por la gestión, que nos come, nos come, y cada vez parece que ocupa más, restando espacios al alma de la ocupación. Hace posible que sigamos, pero, ¡ay!, como cuesta, como limita, como restringe. A ver si la dichosa transformación digital nos aporta algo en esto 😊

Y gracias por la ternura, la adaptabilidad, la frescura, la ilusión, la fortaleza, la alegría, la empatía, el valor, las risas, las lágrimas, el abrazo laboral, el personal, el guiño valiente, el ver más allá, el empuje, la improvisación, el apoyo, … el acompañamiento incondicional.

Gracias por elegir, o dejaros elegir, por la profesión que ensancha el alma de todas las partes implicadas. Por hacer que TODO ENCAJE.

Lo que haces, marca la diferencia.

domingo, 11 de noviembre de 2018

AMORIENTACIÓN (2)

Hace unas semanas me hicieron un regalo espectacular. Lo primero a señalar es que el obsequio, y principalmente el simbolismo, consiguieron sorprenderme. Se trataba de un mapa, en el que, a modo del “rasca y gana” de toda la vida, puedes ir descubriendo o destapando aquellos lugares por los que pasas. Pero el regalo real fue la frase que lo acompañaba: “este mapa es para que vayas señalando todos los lugares a los que estás llevando tu bien”. Soy de reacciones en diferido, así que esa emoción que se puede intuir que me invadió al escuchar algo así, rodó mejilla abajo bastante más tarde.



Primero, alguien cree que lo que haces mola, y que cómo lo haces, mola también, y cuenta contigo para compartirlo con los demás. Con muchos demás. Es espectacular ya solo el planteamiento. Pero en la inercia trepidante de la labor diaria, todo eso se torna en tu cotidianidad. Y un día, alguien que tiene la ventaja observante del ver desde fuera, te regala ese mapa y esas palabras. Y es un punto de inflexión que te brinda perspectiva. Es como parar un instante, elevarte y ver desde arriba todo lo que está pasando. Y el impacto es brutal. Y vuelve el vertigazo. Y da gustirrinín. Y vertigazo. Alguien cree que eso a lo que te dedicas “es llevar bien” a otros lugares, a otros equipos, a otras personas... Aunque fuera un solo “alguien” sobre la faz de la tierra, la emoción de ese momento, hace que todo haya merecido la pena.

Pero la vida es generosa, y cuando echas el alma en la tarea, resulta que te revierte. Y toda esa movida de “el que enseña es el que más aprende”, “el altruismo en realidad es egoísta y autocomplaciente”, “sal o amplia tu fu***** zona de confort” y otras tantas frases para tazas, eran jodidamente ciertas, por manidas que resulten. Y cansinas. Al final, algunas tazas tienen razón. Otras, parfavar, que se caigan en un descuido... (si quieres puedes y blablablá).

Eso sí, has de echar el alma de verdad. No posar que te mola el rollo, no posturear que te llena tu proyecto, no impostar una felicidad laboral perenne, continua e insostenible. Es al revés: hacer de aquello que te apasiona tu cometido. Y así los trasnoches saben a logro, los días malos se normalizan, los cafés improvisados son germen de milagros, y curras en un rato libre porque te viene la idea y has de transformarla en tangible, como si cerebro y corazón conformaran una impresora 3D que da forma a los preceptos de tu alma profesional.

Y cuando creías que no te volverías a enamorar, porque después de la intervención directa, nada conquistaría tu corazoncito orientador, de pronto un día te sorprendes flirteando con su hermano mayor... Y lo piensas, y repiensas, y recuerdas haber leído sobre ello en no pocas ocasiones... “¿quién orienta al orientador?” “¿en casa del herrero, cuchillo desorientado?”... y te das cuenta de que te estás convirtiendo en un ser casi mitológico: orientadora de orientadoræs. Y vuelven las mariposas al estómago y las fantasías de idilio al horizonte. Y sí, cuando menos te lo esperas, sientes de nuevo Amorientación. Y lo más importante, agradecimiento inmenso.

Agradecimiento, porque a veces esa labor se parece a llevar comida a quien tiene sed, pero a través de la apertura y la generosidad con quien llega, consigue ver que ciertos alimentos, aportan agua también.

Y me estoy encontrando principalmente dos cosas maravillosas:

Una, que hay un gran jardín mágico lleno de seres prodigiosos, que me han hecho ver que esta no era una especie tan mitológica, que hay muchas almas especiales que acompañan hace tiempo en estos menesteres y de las que aprendo cada día que este camino es precioso, y exigente, y colorido, y truculento, y laaargo... así mejor en buena compañía. Gracias maestros y maestras del tangible y del virtual, me hacéis querer ser un poquito mejor cada día, en cada paso.

Y dos, que hasta las personas en las situaciones más extremas de exigencia y rendimiento, pueden ser generosas, acogedoras, cálidas, agradecidas. Y he comprobado que las cualidades que hacen eso posible, y que tengo en común con ellas y por eso creo que se da tan linda conexión, es la curiosidad y la inquietud por seguir creciendo y la vocación de servicio que nos impulsa a querer ofrecer lo mejor a las personas que acompañamos. Y como siempre digo, ser la mejor versión de nosotras mismas por y para ellos y ellas. Y como también siempre digo, yo trabajo desde el Amor y desde el Humor, y no siempre es fácil estar abierto como escuchante a ciertos mensajes shock o ideas desmanteladoras de chiringuitos asentados, y aun así, solo he encontrado más Amor y Humor de vuelta en cada sesión realizada en esta nueva etapa-periplo en mi último año profesional. ¿Sois muy grandes o no? Vuestras sonrisas reflexivas me dan to’ la vidilla. A quien me guiñe un ojo, le invito a reír profesionalmente conmigo.

Unas y otros habéis traído de vuelta Amor(ientación) a mi vida. En deuda eterna queda esta alma vieja de apariencia jovial y descarado atrevimiento. Zenkiu, zenku, zenkiu.