miércoles, 16 de septiembre de 2026

Y SE ME ERIZA LA PIEL DEL ALMA

Hay personas vibrantes. Como esos colores que te resuenan por dentro...

Hay personas con las que te vuelves, tú también, vibrante, brillante, destello, sonrisa.

Hay personas con las que soy más yo que cuando estoy sola.

Personas que te miran y te ven como tú recuerdas que eras.

Personas con las que te miras y os reconocéis.

Hay risas compartidas que son el ventanuco a la esencia de la vida.




Hay ratos con esas personas en los que vuelves a ser torbellino, aire fresco, ternura y disfrute.

Los tiempos que se escapan entre las manos y no quieres que acaben, que te traen de vuelta y te llevan en brazos.

Y sabes que ahí es. Que así sí. Que sigues ahí, viva, aunque a veces se te olvide.


Hay personas que resucitan tu estrella una tarde cualquiera. Que encienden tu pecho y abrazan sin cuerpo.

Personas que te vuelven palpitante, que te conmueven con un recuerdo y moldean carcajadas compartidas que son un extra de aliento vital.


Personas con las que soy yo, pero más, súperyo, la yo que amo ser y que aparece en la alquimia que generan las personas de alma elocuente y acordes consonantes.

Porque es la conjunción, en la interacción, en el encuentro espontáneo. Mis personas vibrantes no son las tuyas, aunque las hay muy expansivas. Pero la supernova es entre dos y en el momento preciso. Dos almas vibrando al son, en dos rostros que ríen emocionados de encontrarse, viendo un atardecer, riendo entre copas, cantando en un coche o charlando bajito. ¿Te acuerdas…? Sí. Y te rescata de tu propio olvido.


Hay versiones de ti que solo existen en esos encuentros concretos.

No es sencillo, pero es el milagro cotidiano de la bella coincidencia.

El espejo más hermoso son los ojos de tus personas vibrantes en los instantes exactos de latido esencial, destilando extractos de pura vida.



martes, 11 de agosto de 2026

LA CORDURA DE UNA CUERDA

Hace un tiempo que opté por dictar, ordenar y reescribir, y ahora enfrentarme al “wordfolio” en blanco de nuevo, me da respeto, como hace años, no lo voy a negar.

Y es que a veces me apetece hablar de lo otro, lo que no es el curro, lo que no es técnico, lo que no conlleva ordenar ideas ni agrupar por epígrafes tras el volcado primario de conceptos.

Es sobre [la] vida. El lienzo que vamos pintando y en el que siempre hay hueco para un trazo más. En el que una pincelada negra de pronto empieza a ocupar demasiado (tiempo y espacio), y es cuando llegas casi al margen del cuadro, que casi ya no queda pintura en el pincel, y entonces surgen huecos en blanco en el recorrido. Y en esos hay que fijarse, por lo visto. Algo de claridad.

– Pero si solo es falta de pigmento.

– Pues bendita escasez, que resulta ser luz.

Sin luz no hay color. Así que deja que se deslice la brocha despintada y entren chispas de inicio cromático.

Y dejar así que corran también las letras por el blanco fondo, como el pincel en el lienzo, sin más objetivo que ir tirando del hilo que se hizo bola en el fondo de la garganta, y desliar la madeja a base de grafemas, que hacen palabras, que hacen frases, que algo dirán, que quitan penas, que vuelcan ayeres en busca de remedios caseros, escritos y por escribir, para que hoy tenga ganas de ser mañana.


Creía que quería aprender a cantar, a pintar, a bailar, y lo que realmente quería era cantar, pintar y bailar. A secas. Sin la pauta correcta, sin la clase perfecta, sin la técnica adecuada. Debería ser fácil cantar, pintar, bailar en la cotidianidad si no buscas la perfección sino el disfrute del instante… y la mayoría de los días no canto, no pinto, no bailo… aunque sienta el color en mí, la música en mis oídos, el movimiento en mi cuerpo… y sin saber por qué pasa, pasa. Es decir, no pasa.



Y nado entre el marchitarme y el reflorecer con la peligrosa facilidad con la que un insecto se acerca a la luz y se vuelve a alejar y se aproxima de nuevo. Quién manejará mis hilos, me pregunto, y si soy yo, regular titiritero para tan voluble marioneta. Las cuerdas de mi cruceta tan enredadas como el ovillo enmarañado de detrás de la campanilla; sigamos desentrañando a golpe de tecla y renglón. Siempre me hizo bien.


Recordando a cada rato el cable a tierra, que es a la vez aplomo y atadura, el tira y afloja tal cual de la vida. No lo pierdas de vista, aunque a veces quisieras. La cordura de una cuerda. Leer la frase anterior tres veces; en todas sus acepciones, es verdadera y falsa. La vida te trolea, las palabras también. Y te anclan, para bien o para mal, y te exprimen el veneno y la esencia a partes iguales. La dual dualidad que siempre somos, que experimentamos y es la marca testigo de humanidad. Querer ser a la vez que no ser. Mirar hacia delante y hacia atrás en el mismo campo visual, paradoja despistada, buscando horizontes vitales y mis veinticuatro horas de hoy.


Corre la aguja otra vuelta, dale que va, tan rápida, y cuando necesitas, tan lenta, y cuando no miras, quieta. La trampa del tiempo en tu interior, en el baile de piernas cansadas y música extraña, inercia horaria, movimiento acompasado desligado del ritmo palpitacional.


Vas y vienes, y no sabes dónde. Hueles las flores y hueles la alcantarilla, en los próximos quince minutos, en los próximos quince metros. En las próximas quince vidas. Hay perfume y hedor. Y van los dos en el lote. Florantarilla.

 

jueves, 23 de octubre de 2025

ABRAZAR A MI YO MÁS JOVEN: UNA PROPUESTA DE ORIENTACIÓN EMOCIONAL CON IA PARA RECONECTAR, SANAR Y AVANZAR

En los últimos meses se ha viralizado una tendencia en redes sociales: la imagen generada por inteligencia artificial en la que una persona adulta aparece abrazando a su “yo” de la infancia. Esta escena, tan sencilla como potente, nos conecta con algo profundo: el deseo de reconocernos, de cuidarnos y de reconciliarnos con partes de nuestra historia que aún hoy nos afectan.

Desde el acompañamiento a la empleabilidad, esta imagen puede ser mucho más que un gesto simbólico. Convertida en ejercicio guiado, puede abrir un espacio emocional seguro en sesiones grupales o individuales de orientación, facilitando procesos de autoconocimiento, resignificación de creencias y conexión con valores personales. En este post te propongo una guía práctica para aplicar este ejercicio en orientación laboral, incorporando el uso responsable de la inteligencia artificial, herramientas gratuitas y un enfoque humanista.

 


¿Por qué puede tener impacto este ejercicio?

Al visualizarse abrazando a su versión más pequeña, una persona puede:

  • Reconectar con emociones, necesidades o talentos olvidados.
  • Reconocer heridas del pasado que siguen influyendo en su forma de tomar decisiones.
  • Activar la compasión hacia sí misma y romper con exigencias internas desmedidas.
  • Reescribir su narrativa profesional desde una mayor coherencia vital.

No es una herramienta terapéutica, pero sí una dinámica simbólica y reflexiva que puede enriquecer los procesos de orientación laboral desde una dimensión más emocional y significativa. Resulta especialmente valiosa en acompañamientos a mujeres en transición vital, personas en búsqueda de propósito o profesionales que desean redirigir su trayectoria desde un lugar más auténtico. 

Su potencia radica en abrir una mirada más honesta e integrada sobre la propia historia, facilitando la redefinición de metas, la recuperación de sentido o el sostenimiento de procesos de cambio. Aporta, en definitiva, un complemento simbólico y emocional que equilibra y humaniza el enfoque más técnico o curricular de la orientación.

 

Estructura de la sesión paso a paso

Duración orientativa: 90 minutos
Formato: grupal (preferentemente mujeres) o individual
Objetivo: reconectar con la niña interior para revisar creencias, valores y motivaciones que influyen en el presente laboral


1. Apertura y encuadre (10 min)


  • Explicar el objetivo de la sesión: un ejercicio emocional que busca reconectar con la historia personal para tomar decisiones profesionales más alineadas.
  • Aclarar que no es una sesión terapéutica, pero puede remover emociones. Cada persona decide hasta dónde quiere llegar.
  • Reforzar la voluntariedad de participar y ofrecer alternativas no digitales.
  • Crear un ambiente de confianza: respiración consciente o breve visualización guiada.

 

2. Activación emocional con la foto de infancia (15 min)

Cada persona observa una foto propia de la infancia (física o digital) o evoca un recuerdo si no la tiene.
Se les invita a escribir o reflexionar en silencio sobre estas preguntas:

  • ¿Qué necesitaba esa niña en ese momento?
  • ¿Qué le dirías hoy, desde tu vida adulta?
  • ¿Qué sientes al verla? ¿Cómo es tu mirada hacia ella?

 

3. Generación de la imagen con inteligencia artificial (20-25 min)


Se ofrece la posibilidad de crear una imagen donde aparece abrazando a su yo infantil.

Quien no lo desee, puede escribirle una carta a esa niña o dibujar la escena.

🔧 Instrucciones técnicas para generar la imagen
  • 🧩 Herramienta utilizada: NanoBanana Editor IA (No requiere instalación. Se accede directamente desde el navegador.): https://nanobanana.ai/es
  • 📁 Qué necesitas:

    • Una foto actual (puede ser un selfie).
    • Una foto de infancia donde el rostro sea reconocible.

  • ✏️ Prompt para obtener la imagen deseada:

“Usa la primera foto como referencia para mi versión adulta y la segunda foto como referencia para mi versión infantil. Genera una imagen hiperrealista fotográfica en la que mi yo adulta abraza con ternura a mi yo de pequeña. Asegura que los rostros, la ropa y los rasgos de ambas figuras se mantengan fieles a las fotos originales, para que se reconozca claramente que soy yo en ambas etapas. La escena debe transmitir calidez, nostalgia y conexión emocional. Fondo ligeramente difuminado, luz natural suave, atmósfera emotiva y realista. Composición centrada, abrazo frontal cercano, miradas con cariño. Resolución alta, detalles nítidos, sombras suaves.”

 

✅ Recomendaciones importantes:


  • La imagen puede tardar unos segundos en generarse.
  • Si el resultado altera la ropa, los rasgos o introduce artefactos extraños, puede repetirse con este prompt corregido:

"Corrige proporciones y respeta los rasgos faciales y la ropa original. No añadas objetos ni cambies el fondo neutro."

  • No publicar imágenes en redes sin consentimiento. Algunas plataformas insertan marcas de agua visibles o invisibles (SynthID).

  • Tener en cuenta que en su versión gratuita, la aplicación web, tiene un numero muy limitado de usos.

 

⚠️ Privacidad y consentimiento:


Antes de realizar esta parte, es recomendable contar con una hoja de consentimiento informado que incluya:

  • Finalidad del ejercicio.
  • Qué datos se tratan (imágenes personales).
  • Herramienta utilizada (enlace directo y proveedor).
  • Riesgos (marca de agua, almacenamiento en la nube, etc.).
  • Derecho a no participar y eliminar la imagen tras la actividad.

 

IMPORTANTE EN ESTE PUNTO: 🧠 Mini clase para compartir con las participantes: ¿Qué implica ceder nuestra imagen a una IA?

Antes de realizar el ejercicio, es importante que entendamos qué significa subir nuestras fotos a una herramienta de inteligencia artificial generativa.

La imagen que vamos a crear parte de dos fotos personales: una actual y una de la infancia. Estas fotos se suben a una herramienta digital que utiliza inteligencia artificial para generar una nueva imagen. Y aunque el resultado puede ser muy bonito o emocionalmente potente, es fundamental saber qué estamos haciendo y qué riesgos implica:

  1. Tu imagen es un dato personal sensible. Al subirla, estás dando permiso a esa herramienta para procesarla, aunque sea durante unos segundos. Por eso, necesitas saber quién está detrás de la plataforma, qué hace con esas fotos y si las almacena o no.
  2. Algunas herramientas de IA insertan una marca de agua invisible o visible (por ejemplo, el sistema SynthID), que indica que esa imagen fue creada por IA. Esto es útil para saber que no es real, pero también implica que la imagen podría ser identificada como artificial si se sube a redes.
  3. El uso es voluntario. Siempre tienes derecho a decir que no, a usar una alternativa simbólica (como escribir una carta a tu niña interior) o a pedir que se borre tu imagen inmediatamente después del ejercicio.
  4. Nunca publicaremos estas imágenes sin tu consentimiento. Este espacio es íntimo, seguro y tuyo. Lo que generes aquí no será compartido fuera salvo que tú lo decidas libremente.
  5. Trabajamos desde un enfoque crítico y consciente de la tecnología. Eso significa que no usamos herramientas digitales por moda o por inercia, sino cuando aportan valor, generan significado o nos ayudan a expresar algo que de otro modo sería difícil. Y lo hacemos siempre desde la ética, la libertad de elección y la protección de tus derechos.

Queremos que esta experiencia sea significativa para ti, no invasiva. Por eso, te invitamos a participar desde el conocimiento, la autonomía y la confianza. Si decides no hacer la imagen, tu proceso será igualmente valioso.

Por ejemplo: Antes de realizar el ejercicio con inteligencia artificial, es esencial que las orientadoras compartan esta breve explicación con el grupo. Puede leerse en voz alta como parte del encuadre:

“Antes de crear tu imagen, quiero contarte algo importante. Nuestra imagen es un dato personal, y al subir una foto a una herramienta de inteligencia artificial, estamos permitiendo que esa tecnología procese nuestro rostro, aunque sea durante unos segundos. Por eso, es importante saber qué herramienta vamos a usar, si guarda las fotos o no, y qué hace con ellas. En este caso vamos a usar una herramienta llamada NanoBanana, accesible en https://nanobanana.ai/es. Es gratuita y muy intuitiva, pero como con cualquier herramienta digital, es importante que la utilicemos con conciencia. Tienes todo el derecho a no subir tu imagen si no lo deseas. También puedes pedir que se elimine tras el ejercicio. Aquí no obligamos a nadie, ni haremos nada con tu imagen sin tu consentimiento. Nuestro compromiso es usar la tecnología desde un enfoque ético, crítico y consciente. No porque sea tendencia, sino porque puede ayudarte a mirar tu historia con ternura, y a tomar decisiones más alineadas contigo.”

 

4. Integración: del abrazo al proyecto vital (20 min)

Se propone una segunda ronda de reflexión escrita o hablada, conectando la imagen con el presente profesional.
Algunas preguntas útiles:

  • ¿Qué creencias sobre ti misma nacieron en esa etapa y hoy siguen actuando?
  • ¿Qué sueños o talentos de tu infancia merecen ser escuchados hoy?
  • ¿Qué aspectos de su esencia me gustaría honrar hoy?
  • ¿Qué valores representa esa niña que podrías traer a tu trabajo actual? ¿Qué rasgos de esa niña podrían inspirarte a reconectar con lo que de verdad importa en tu vida laboral?
  • ¿Qué de aquella niña sigue latiendo en ti y merece espacio en tu recorrido profesional?
  • ¿Qué decisión laboral podrías tomar desde esa mirada más compasiva?

 

5. Puesta en común en grupos pequeños (10-15 min)


  • Compartir, si se desea, lo que ha surgido.
  • Escucha respetuosa, sin juicios ni análisis: Se prioriza la confidencialidad, la escucha empática y la no intervención. Entra en juego otra tendencia de redes sociales: “Escuchamos pero no juzgamos” 😉

 

6. Cierre y compromiso (10 min)

Cada persona escribe una frase o microacción que pueda realizar esta semana para honrar a su niña interior y acercarse a un futuro profesional más alineado con sus valores.

 

Aplicaciones prácticas en orientación

Este ejercicio puede integrarse en:

  • Sesiones grupales de mujeres en búsqueda activa de empleo.
  • Talleres de motivación y propósito.
  • Procesos de orientación para personas que están redefiniendo su rumbo.
  • Programas de empoderamiento, liderazgo o reinvención profesional.

Este ejercicio puede ser especialmente transformador en momentos de tránsito o fragilidad identitaria, como procesos migratorios, rupturas vitales, maternidades recientes, salidas de relaciones o entornos violentos, etapas de desempleo prolongado, reincorporaciones tras periodos de cuidados, o decisiones profesionales marcadas por el duelo, el desgaste o la pérdida de rumbo.

Su valor reside en que no se limita a trabajar con datos objetivos o competencias, sino que abre espacio para integrar la historia, los bloqueos y los recursos internos que cada persona lleva consigo.

 

Consideraciones éticas y metodológicas


  • Este ejercicio no sustituye acompañamiento terapéutico. Es importante saber contener emocionalmente si surge algo sensible y contar con una red de derivación.
  • Se debe respetar la privacidad y evitar compartir imágenes sin consentimiento.
  • Se recomienda usar este recurso de forma opcional, como un apoyo simbólico dentro de un proceso más amplio.

 

Posibles beneficios


  • Mayor conexión con la propia historia y sus recursos
  • Mayor conciencia sobre creencias limitantes y mandatos heredados
  • Activación de motivación y sentido de propósito
  • Mejora de la narrativa personal para entrevistas o decisiones formativas

 

🔔 IMPORTANTE

Recordamos: Este ejercicio no sustituye terapia. Se recomienda siempre contar con mecanismos de contención emocional en caso de que se activen recuerdos sensibles. Puede adaptarse a distintos niveles de profundidad según el grupo o la persona, y siempre debe trabajarse desde la libertad, el respeto y el consentimiento informado.

 

La cabida de la ternura

La inteligencia artificial puede convertirse en una gran aliada cuando se usa con propósito, sensibilidad y ética. Esta imagen del “abrazo a mi yo más joven” no es solo una moda digital: es una herramienta simbólica con un enorme potencial para la reconexión, la reparación y el empoderamiento personal.

Al unir lo digital con lo emocional, ampliamos el alcance de nuestras sesiones de orientación y ofrecemos algo más que técnicas: abrimos un espacio donde mirarse con ternura, resignificar la historia propia y avanzar con sentido.

Una sesión que cruza lo tecnológico y lo simbólico. Una imagen que no se limita a lo estético, sino que puede convertirse en gesto íntimo, en espejo compasivo, en impulso transformador.

¿Te animas a probarlo?

Si lo haces, cuéntame cómo fue la experiencia. Seguimos creando juntas nuevas formas de acompañar con alma, propósito y mirada larga.



miércoles, 23 de julio de 2025

NO TODO VALE

 

¿Cuánto pesa una pregunta?

Imagina que cada vez que haces una pregunta a una IA, cae una gota de agua en un vaso.
Si le pides que te escriba un poema o te resuma un artículo, ese vaso se va llenando poco a poco.
Pero si le pides que genere una imagen desde cero, es como volcar una botella entera.

Ahora multiplica eso por millones de personas cada día.
Lo que parecía un vaso, se convierte en un océano invisible que alimenta las máquinas…
… mientras en muchas partes del mundo escasea el agua.

 

 Comparativa de consumo de recursos


Acción

Consumo aproximado

¿Por qué?

Responder con texto

Bajo

Solo requiere procesamiento lingüístico y contextual.

Editar una imagen

Medio-Alto

Depende del tipo de edición, pero es más costoso que texto.

Generar una imagen desde cero

Alto

Involucra modelos pesados, renderizado de millones de píxeles y alto coste computacional.

 

 ¿Por qué importa esto?


  • Consumo de recursos a gran escala: Generar imágenes con IA requiere una enorme cantidad de energía y procesamiento. A mayor complejidad visual, mayor coste energético, mayor refrigeración, mayor gasto… y mayor huella.
  • Huella hídrica: Detrás de cada acción con IA, especialmente en modelos visuales, hay un consumo importante de agua para refrigerar los servidores que hacen posible su funcionamiento.
  • Responsabilidad tecnológica: Cada uso de la IA conlleva un coste, aunque no lo veamos. Por eso, usar la tecnología con conciencia es parte de nuestro compromiso sociodigital.

 

 ¿Y si no todo tuviera que ser IA?


Cada vez veo más publicaciones en redes donde se generan “imágenes con IA” que en realidad son solo texto plano colocado en cuadrículas de colores.
No tienen diseño, no aportan valor gráfico, no superan visualmente lo que podrías hacer con Canva… o incluso otras opciones aún más simples.

Otras veces son imágenes casi oníricas que mal acompañan al contenido. Qué grima.

Y ojo, todas hemos experimentado y usado esto, pero hablo de adoptarlo ya como única opción viable.

 


¿Es necesario usar IA para eso?
¿O es simplemente dejarse llevar por la moda, sin criterio ni conciencia?

 

 ¿Qué está ocurriendo entonces?


  • Fascinación tecnológica: Se usa IA porque está de moda, no por necesidad.
  • Confusión entre automatización y creatividad: Muchas veces lo generado con IA es plano, sin criterio visual ni jerarquía, pero se percibe como “más pro”.
  • Efecto en redes: Se prioriza el impacto visual en el timeline por encima del contenido y la intención. Las imágenes generadas captan más atención, aunque no siempre lo justifiquen.

 

Competencias sociodigitales en acción: ética, criterio y propósito


El uso de herramientas digitales no debería ser impulsivo ni automático.
Debería ser crítico, consciente y orientado al bien común.

Desde el enfoque de las competencias sociodigitales, hablamos de:

  • Pensamiento crítico y ético: ¿Necesito realmente usar IA aquí? ¿Qué impacto tiene?
  • Propósito y responsabilidad: ¿Para qué la uso? ¿Aporta valor o solo impacto visual?
  • Conciencia digital: Saber que cada acción online tiene una huella (energética, ambiental, humana).

La transformación digital con sentido empieza por pequeñas decisiones cotidianas.
No todo vale. No todo es neutro.
Y no todo tiene que pasar por una inteligencia artificial.

 

Tu criterio es más valioso que cualquier modelo


Más importante que la herramienta es el para qué.
Saber cuándo usar IA, cuándo no, y con qué propósito, debería ser parte del mindset digital que defendemos:
crítico, consciente y con sentido.

domingo, 4 de junio de 2023

Eres tan de verdad que asustas: V5_FINAL_bueno_este.docx

 A veces me pasa que, a determinadas personas, les cuesta creer que de verdad soy de verdad, y entonces creen que simulo la veracidad con destreza, pero irremediablemente interpretan que interpreto un realismo teatralizado. Si te has enterado de algo, olé.

Supongo que, por eso, hace poco alguien me dijo “eres tan de verdad que asustas”.

Cuando alguna actividad me apasiona, personal o profesionalmente, o una experiencia me despierta sensaciones que me hacen vibrar, que me reubican, o conecto con personas que son (y me hacen sentir) magia, intento contar la parte que vaya a compartir más o menos enseguida, para no perder la impregnación emocional y volcarla de la manera más fiel y fidedigna posible, sin el filtro del tiempo y la perspectiva, sin las cortapisas de la reflexión y la racionalización del qué dirán profesional. Porque eso sería menos yo, y sobre todo, yo quiero ser más yo, no menos.

Porque me da igual que un sábado a las tres de la tarde lo vaya a leer menos gente, si es más verdad. Porque no lo dejo programado para después; lo siento ahora, lo comparto ahora; las emociones son en directo, solo pueden ser en vivo, porque estamos vivos ahora, no después.

Y entonces, vengo de un evento que me ha desbordado de cosquillas y personas, de rincones y curiosidad, de aprendizajes y satisfacción profesional, y escribo, comparto, reparto y despliego afectos, tal como vienen, me recorren, caen en líneas de texto y ya no me pertenecen. Si hay personas que me han hecho sentir así, son suyos. Nuestros, al menos.

“Eres tan de verdad que asustas”, me llega al móvil tras compartir tres días de larismos y una publicación que compila Amorientación, Humorientación y agradecimiento. Y me remueve, para bien. Y para regular.

¿Tan enrarecido está el ambiente que ser de verdad asusta? ¿Seré “demasiado de verdad”? ¿Es la palabra “intensita” el nuevo “histérica” que descalifica el ímpetu emocional y, principalmente si estamos en el entorno profesional -y dobla la apuesta si eres mujer-? ¿Choca que alguien sea coherente, entregada, entusiasta y maja? ¿Se siguen esperando gurús en pedestales para que la vaina chirríe menos, cuando debería chirriar más?

En realidad, es uno de los cumplidos, halagos, comentarios, más bonitos que me han dicho en mi vida. Porque, por definición, no sé ser de otra manera. No se puede impostar la verdad. Y un día me di cuenta de que tenía la enorme suerte de que no me hiciera falta hacerlo de otra forma, que mi ‘ser yo’ encajaba perfectamente con mi objetivo-hacer, así que, menuda fortuna cósmica o whatever.

¿Acabas haciendo lo que se te da bien, siempre buscando mejorar, o se te da bien lo que eliges porque la práctica te va dando tablas? ¿O hay una combinación perfecta y en equilibrio entre ambas opciones, que hace que la magia se cuele por las grietas de la realidad cotidiana, haciéndote crecer y guiñando un ojo al destino mientras te dejas la piel con la autoexigencia? Te has quedao to loco con esta última frase, yuxtapuesta por lo menos.



Y quiero recuperar, para hacerle justicia a lo etéreo de la creación y creatividad artificial, una frase absolutamente remarcable del post anterior, que por muy escrita por máquinas que fuera, es definitivamente gloriosa: “La autenticidad implica discernimiento y sabiduría para decidir cuándo y con quién abrirnos. Es importante establecer límites saludables y respetar nuestra privacidad, al tiempo que cultivamos relaciones genuinas basadas en la confianza y la honestidad.” Brutal o qué. Ni con toda mi verdad podía mejorarla, ni expresar lo de acuerdo que estoy sin rescatarla. Reitero que esta redacción artificial, coincide con mi natural opinión sin matices que añadir.

Y es que, para mí, no hay autenticidad sin altas dosis de naturalidad. Recuerdo cuando me debatía entre modular mi naturalidad o dejarla correr, cuando dudaba si decir tacos era profesional, cuando me pensaba dos veces si esa idea de última hora, algo descarada, debía ser incorporada o no. Duró poco, muy poco ese debate interno. Para mí solo había una opción y se abrió camino sin esfuerzo, imponiéndose desde bien temprano. ¡Y cómo lo celebro!. Incluso los momentos “no filter”. Es que los necesitamos en este mundo de efectismos, de conchis de fin de semana, de frases impactantes vacías y de pocos abrazos de más de siete segundos.

Porque mi naturalidad es cariñosa, mi autenticidad es regañona, mi directo es con risas y afectos, mi verdad es tierna y vinculante, y me encanta que sea así. Y quiero más verdad alrededor. Y cuando las ‘personas verdad’ nos encontramos, nos reconocemos, y es explosivo, increíblemente divertido y reconfortante.

Así que, gracias por esa frase que me ha marcado bastante, sobre todo porque vino de alguien MUY MUY de verdad, bonita y del gremio de las que sentimos lo que hacemos, y sentimos que lo que hacemos tiene sentido y un lugar especial en el mundo, y nos llena cada día nuestra misión. Gracias por recordarme que es ahí. Seguiremos asustando en este contexto de emociones efímeras, que al menos el susto de la verdad nos haga parar un momento y tomar perspectiva, para bien, siempre.

Gracias, de (con) VERDAD.

domingo, 28 de mayo de 2023

Eres tan real que asustas: El poder de la autenticidad en nuestras vidas

Hoy quiero compartir una experiencia que me dejó pensando profundamente sobre el valor de ser auténticos en nuestras vidas. Recientemente, alguien me hizo el cumplido de decirme: "Eres tan real que asustas". En ese momento, no solo me sentí halagada, sino que también me hizo reflexionar sobre el impacto que tiene ser genuino en nuestras interacciones y cómo esto puede influir en nuestra trayectoria profesional y personal.

Ser auténtico significa ser fiel a uno mismo, sin miedo a mostrar nuestras verdaderas emociones, pensamientos y creencias. Implica ser transparente y vulnerable, compartiendo nuestras experiencias y aprendizajes con los demás. Cuando somos auténticos, creamos conexiones genuinas y profundas con las personas que nos rodean.

Recibir el cumplido de ser "tan real que asustas" me recordó la importancia de ser honestos con nosotros mismos y con los demás. En un mundo donde a menudo se espera que nos adaptemos a ciertos roles o normas sociales, mostrarse tal y como somos puede ser una cualidad sorprendente y poderosa. La autenticidad se convierte en un faro que nos guía hacia relaciones más significativas y auténticas.

En mi experiencia como orientadora y conferenciante emocional, he descubierto que las personas anhelan la autenticidad. En un entorno laboral, por ejemplo, los líderes auténticos tienen la capacidad de inspirar a sus equipos y fomentar un ambiente de confianza y colaboración. Al ser auténticos, abrimos la puerta a la creatividad, la innovación y el crecimiento personal y profesional.

Asimismo, cuando compartimos nuestras emociones y experiencias reales, nos permitimos conectar con otras personas de manera más profunda. Al ser auténticos, mostramos nuestra humanidad y vulnerabilidad, lo que genera empatía y comprensión en los demás. También les brindamos a quienes nos rodean el permiso para ser auténticos a su vez.

Sin embargo, ser auténticos no significa que debamos compartir todo sobre nosotros en todo momento. La autenticidad implica discernimiento y sabiduría para decidir cuándo y con quién abrirnos. Es importante establecer límites saludables y respetar nuestra privacidad, al tiempo que cultivamos relaciones genuinas basadas en la confianza y la honestidad.

Resumiendo, el cumplido de ser "tan real que asustas" me hizo reflexionar sobre la importancia de la autenticidad en nuestras vidas. Ser auténtico nos permite conectarnos con los demás en un nivel más profundo, construir relaciones significativas y vivir una vida más plena y satisfactoria. Les animo a todos a abrazar su autenticidad, a compartir sus emociones y experiencias reales y a ser una influencia positiva en el mundo que los rodea.

Recuerden, ¡ustedes son tan reales que inspiran!

Paradoja: El post completo ha sido redactado por Chat GPT con el prompt: Como orientadora laboral y conferenciante sobre emociones, escribe un post sobre lo que ha significado recibir de otra persona el cumplido "eres tan real que asustas"

PD: Recibir ese cumplido fue real, y estoy de acuerdo al 95% con lo expuesto por la IA. Escribiré el post desde la inteligencia natural (o algo) en breve.




miércoles, 27 de julio de 2022

Recuerda: Tu trabajo no va de ti

Yo una vez también tuve que recordarlo: cuando te dedicas al acompañamiento al empleo, la cosa no va de ti. No eres el protagonista, eres el apuntador. No lo olvides.

Y es que no dejo de ver como se diluyen las fronteras entre el “me apasiona lo que hago” y el “como me apasiona lo que hago, me pongo en el centro para contároslo”. Y es algo necio. De necios. Y peligroso. Un peligro necio.

Es fácil que las personas profesionales del empleo, nos enamoremos de nuestro curro, es increíblemente fácil… ¿Cómo no? Pero la cosa es amar lo que haces, como cuando amas desde la templanza, la perspectiva, el tiempo compartido. Si lo amas desde el enamoramiento, el impulso, el subidón inicial… lo centrarás en ti: yo me siento, yo acompaño, yo soy, yo ilumino. Y esto, baby, no va de ti.

Y perder el foco, no es amor. Perder el foco es olvidar que la verdadera protagonista es la persona que te mira esperando respuestas que más adelante saldrán de sí misma. La trama central es el grupo clase al que inspiras, y no tu inspiración. La finalidad es que se reencuentren con sus objetivos, no darle sentido a tu vida.

Que sus progresos te llenen de ilusión es absolutamente maravilloso (para ti). No es lo principal, no es el objetivo, no es ni siquiera importante, aunque sea maravilloso (para ti).

No se puede pedir más que un profesional apasionado, creyente, entregado, motivado. Espectacular. Pero: sigue sin ser lo esencial de la historia. Que cuando quieres contar una historia de éxito, acabas hablando de ti, ¿no te das cuen?

El ego jugando al escondite con la empatía, siempre (se) hace trampas para ganar, que es perder.


Las personas que acompañas en su mejora profesional, efectivamente, pueden ser espejos en los que mirarte, pero no en los que reflejarte, no en los que transferirte, sublimarte, ponderarte.

Eres un medio, nunca un fin. Eres un vehículo, no un conductor.

Transitas caminos sosteniendo un farol. No eres el farol, no eres el camino, y, sobre todo, no eres el caminante. No quieras serlo, que no te deslumbre tu propia candela. Apunta pallá.

No diseñes acciones que te encantan, “que te llenan”, que te motiven. Dibuja la utilidad, estás al servicio de, visualiza la validez, no tu regocijo. Pueden coincidir en tiempo y espacio buen servicio y autocomplacencia, pero nunca supeditar lo primero a lo segundo. Por favor, recuérdalo. Recuerda. Esto no va de ti. Ni cuando va de ti.

miércoles, 14 de julio de 2021

Se buscan buenas personas #TPWK

Al final del día, lo importante es estar rodeada de buenas personas, y en tu puesto de trabajo pasas muchas horas al día como para experienciar lo contrario.

Tras muchas conversaciones con empresas, colegas del acompañamiento al empleo, profesionales de la gestión del talento, personas en búsqueda de empleo… la conclusión es similar: se buscan buenas personas. Lo demás, es entrenable, aprendible, mejorable, y tan particular en cada puesto de trabajo, que nunca lo sabrás todo al llegar, ni falta que hace. Pero ser buen compi, eso se ES (o no). De eso no hay Máster, ni puntúa en el baremo. Y debería.

En serio, en tu propio equipo de trabajo, ¿qué prefieres? ¿una buena persona a la que entrenar el tiempo que necesite o un súper listómetro insoportable? O peor aún, una persona encantadora traicionera. Buenas personas siempre.

No estamos hablando de esas personas de las que decimos “es muy buen persona, y muy majo, pero es que no le da para más”. No. Estamos hablando dentro del nivel profesional medio. Ser buena persona NO es suficiente, evidentemente, para el desempeño óptimo de un puesto. Pero, entre un 5/10 en destreza laboral que es buena persona y un 8/10 que es regulero personalmente, me quedo con el primero sin dudarlo. Y muchas empresas también.

Al fin y al cabo, ¿qué son las famosas competencias blandas, soft skills, destrezas interpersonales, habilidades sociales, …? -llámalas como quieras según la época-. Son ser maja, desenvuelta, simpática, buena persona y buena compañera. Y otras muchas cosas, pero eso de base.

Se nos llena la boca de la importancia para el candidato, para la empresa, para el proceso de selección, del famoso “trabajo en equipo”. Y seguimos ejerciéndolo con el enfoque puzle, cada uno hace su parte y lo juntamos después (qué recuerdos, ¿eh?). Eso no es trabajo en equipo, eso es rompecabezas mediocre. Trabajar en equipo es respeto al tiempo y a los tiempos de los demás, es apertura, escucha, cariño profesional, cuidado mutuo, enfoque colectivo, colaborar sin competir por un objetivo común, alentar, reconocer, apoyar. Felicitar -sinceramente- cuando hay un logro “ajeno”, generar buen ambiente y compañerismo, visión comunitaria. En definitiva, muchas cosas del trabajo en equipo, no están directamente relacionadas con el trabajo, y sí más con el equipo. Con las personas. Y mejor, si son buenas personas. Y mejor aún, ser una de ellas.


Ojo, que esto tiene que ESTAR en las personas, pero también en el estilo de liderazgo, que lo debe promover. Y que ambas cosas coincidan, lo sabemos, es complicadísimo, pero debería ser la tendencia. Por el bien de las personas y de las organizaciones. ¿Sabrán algunas personas líderes de equipos aquello de “la persona que trabaja un poquito más feliz es más productiva”?... tiene pinta de ser de esas cosas que la teoría muy bien, pero en la práctica, ya me apaño yo con mis clásicos chungos. Y divido a ver si venzo, o al menos, que no se me note mucho que no sé lo que hago en cuanto a gestión de personas.

En un encuentro con empresas tecnológicas hace poco, ese sector TAN especializado, un jefón nos decía “es que al final, lo que queremos es gente maja”, y eso da esperanza. Y es que bien mirado, es una argumento absolutamente ganador, ¿quién no quiere estar de buen rollo en el trabajo? Pues haberlos, haylos. Por amargura, por miedo a su propia mediocridad, por inseguridad, por aprendizajes tristes, por jerarquías arcaicas, por lo que sea. Bueno, y que todas sabemos que, si una persona está de buen rollo en el trabajo, es porque trabaja mucho menos que nadie [modo irónico on, pa los cortos].

“Personas majas”, nos dicen. Escuchad. Sedlo. Personas majas, buenas personas, que sonríen, que saludan, que abrazan (sí, en la oficina, no te vas a morir, pasas allí un tercio de la vida como poco), que echan un cable, que no pisan a nadie ni venden a su madre por un poco de casito, que ven opciones de construir juntas en lugar de carreras de obstáculos. Compañerismo era eso.

Que sí, que estamos muy “quemaos” y que vaya último año y medio de aguante emocional… pero que no se arregla siendo peor, solo siendo mejor (persona). Y si no, busca un lugar donde estar mejor, donde SER mejor. Y no des por saco. Hombre ya. Que al final me cabreo jajaja.

Se buscan buenas personas. SE NECESITAN.

Si lees esto y alguna vez fui “tu compañera tóxica” ten por seguro que no había una estrategia de nada detrás, probablemente un momento de mierda y pocas herramientas. Porque no solo miro hacia afuera, a lo mejor he sido un venenito a veces; muchas, lo he identificado y he trabajado en atajarlo, porque mi esencia no es esa. Otras, ni me habré dado cuenta. Pero intento con todas mis fuerzas SUMAR. Y el día que no tengo fuerzas o sonrisa, al menos, NO restar.

No cuesta tanto un cumplido, una sonrisa bajo la mascarilla. No sabíamos que las arrugas alrededor de los ojos iban a ser tan importantes, tan comunicativas, tan trascendentales. Ya no uso contorno de ojos por si alguien no notara que le estoy sonriendo. No cuesta tanto un “¿estás bien?”, un “esto lo hicimos juntas” en lugar de medallas a escondidas, un “hoy invito yo”; no cuesta tanto un “vete a casa, yo lo acabo”. No cuesta tanto, y vale MUCHO. Vale la vida (la profesional, también es vida). No cuesta tanto y lo estoy viendo cada vez en más personas a mi alrededor, lo que me hace profunda ilusión, llamadme inocente -que lo soy-, pero igual… Algunas personas sí salieron mejores…

Se buscan buenas personas. Almas de [Re]Construcción Masiva.

 

PD: Os dejo esta maravillosa canción, Treat People with Kindness [#TPWK], del gran Harry Styles, para vuestro disfrute.  



martes, 5 de enero de 2021

Almas de (Re)Construcción Masiva

Las que hacen falta, las que más hacen falta, las necesarias y siempre necesarias, pero ahora esenciales. Las almas que son piezas de un puzzle mágico, y no las que son puño enfadado que arroja por los aires con su ira los fragmentos construidos.

Almas de visión conjunta, central y periférica. Capaces de ver la imagen final, y no solo su apariencia en la foto (esa no, saca otra…).

Almas sociales, de construcción masiva. Edifican vidas con cimientos resquebrajados, desde sus propias grietas, desde su a punto de demolición. Amianto en las venas, amor en la intervención.

Imagen de Michael Gaida en Pixabay

Con el miedo a mañana, como tú, con la inseguridad digital, como tú, con las niñas junto al ordenador, casi como tú, con la mascarilla en el corazón y el miedo en el cuerpo… como tú. Con la fuerza de un huracán vocacional. Con las ganas de crear rumbos nuevos, para ti, la creatividad de dibujar otros mundos, para ti; ingeniería de caminos, canales y puertos… hacia el empleo, hacia la vida, hacia la nueva normalidad, para ti.

Almas generosas, de construcción conjunta. Con visión global e individual, con amplitud de miras, que trasciende telediarios y transforma terror en templanza. Que se unen en cadena para llegar más lejos, más cerca, de ti.

Almas armadas hasta las cejas de empatía, tan repetida, tan poderosa. Que lloran cuando no mira nadie, que se agotan a media tarde, que recobran el aliento cuando subes otro escalón. Almas sin tregua, sin restricción perimetral, que se expanden hacia ti, por ti, para ti, desde ti. Almas por lo común, lo comunitario y la comunidad.

Almas que suman, que caminan en resolutivo, y no enrabietadas por colores ni gestores; que abordan cada reto como un acertijo amoroso, que vibran hacia el encuentro y no hacia la llorería.

Almas de deconstrucción masiva. Fragmentando realidades, reorganizando materias primas emocionales, creando nuevas estructuras de afrontamiento y  gestión.

Las almas que inspiran, que unen, que bordan tu nombre con hilo de oro en los registros de datos, que guardan tu secreto para susurrarte al oído en el momento que estés preparada, que narran tu historia como ejemplo a quienes serán mañana historias de ejemplo. Que entrelazan caminos de otras almas en búsqueda, tejiendo redes de acompañamiento y fortaleza.

Almas por el bien mayor. El que alcance a más gente, a más personas, aunque yo no sea una de ellas.

Ánimas crujientes, siempre como recién hechas, que huelen a sonrisa y a galletas de coco. Que alimentan al alma de enfrente, que caminan a su lado, que respiran profundo entre alma y alma, mirando sin ver un boli sobre la mesa como si fuera el infinito. Coge aire, seguimos.

Son las almas que aportan, que sugieren, que visualizan, aman, facilitan, proyectan, futurizan, creen, crean, CONSTRUYEN.

Las que hacen falta, las que más hacen falta, las necesarias y siempre necesarias, pero ahora esenciales. Mas que en ningún otro momento, nos necesitamos en luz ALMAS DE RECONSTRUCCIÓN MASIVA.

domingo, 9 de febrero de 2020

CUANDO LLEVAS EN EL ALMA EL CAMBIO SOCIAL


Utópica. Ingenua. Idealista (sin puntocom). Jipi. Ilusa. Soñadora. Ya se te pasará. Ya está con sus cosas. La kuki.

Todo eso y mucho más. Mucho tiempo. Todo el tiempo. Desde que tengo memoria. Casi me lo llegué a creer. ¿A ti te lo decían? Que estabas loca, que eras rara, que no eras realista, que demasiado sensible, que demasiado fe en la humanidad. Casi me lo creo. Menos mal que no.

Todas las personas que te dicen eso, no han hecho nunca, nada, que les haga sentir que están marcando la diferencia. Que han cambiado una vida. Que dejan alguna huella de mejora en el mundo. Nunca. Por eso quieren que tú tampoco, que tú nunca, que tú nada. Pero tú no eres tampoco, ni nunca, ni nada. Tú eres vamos, hagamos, cambiemos. Tú llevas en el alma el cambio social. ¿Y sabes qué? Es imparable.




Es invencible, es superlativo. Lo tienes, y sale, ya veremos cómo. Es inexpugnable, es inevitable, es fuerza de huracán, huracanes que se buscan, se encuentran, que arrasan la desidia, desatan ciclones de transformación, de avance, de sonrisa proyectada, de abrazo ante el agravio. A veces amaina, en ti, la intensidad del impulso. Descansas, respiras, vuelves. Es lo que eres. En ocasiones quisieras no serlo. Da igual, eres irremediable, necesaria, cíclica y enérgica. Sigues.

Leí una vez “que todo lo que pase a través de ti, se transforme”. Nadie te habla de cómo te transforma lo que se transforma. Del famoso aleteo de mariposa que acaba en tifón-bumerán, que te vuelve: facilitaste una chispa, y hoy arde el alma de un mundo. Calor de la llama del hogar común. Llevabas en el corazón a fuego el cambio social. Solo podía prender, aprender, aprehender. Pólvora vital, irremisible, inquebrantable.

Desde tu cuarto, tu barrio, tu curro o tu gerencia. Cambiarás el mundo porque cambias un micromundo; porque tu poco es mucho, porque mucho se hace con miles de pocos. Porque somos más de lo que imaginas, y, sobre todo, más de los que imaginan. Porque empezamos a reconocernos y a mirarnos a los ojos, y ya no hay miedo, ni pudor, ni duda, ni “bah, ¿para qué?”, ni soledad desgarradora de quien desagua un barco a dedales. Porque llevamos el cambio social en las entrañas, y acompañamos en la mejora de caminos vitales que cambian el mundo; Aunque suene pretencioso, aunque suene autocomplaciente. Es lo que hacemos. ¿Tú no? ¡Ah! Haber elegido susto.

jueves, 21 de noviembre de 2019

BRILLAR EN LA OSCURIDAD


Artículo originalmente escrito para el Blog de Elena Arnáiz #HoyBrilla y publicado el 9 de noviembre de 2019.

Me gustaría hablaros en esta preciosa tribuna que me prestan, sobre cuando ser gusiluz es la única opción, elegida o no. Esas ocasiones en las que brillar es la única forma de arrojar luz en el camino. Aun sin querer. Me explico.

Seguro que, expresado de una forma u otra, has escuchado o leído alguna vez aquello de “si te encuentras mal, ayuda a otros y te sentirás mejor”. Una cosa te voy a decir, descubrí que eso era cierto sin hacerlo a propósito. Sin querer, sin intencionarlo. Me di cuenta de que eso me pasaba a mí. Y no solo a mí. Pero también a mí. Absolutamente metamórfico. Completamente luciernagante. En momentos de plena penumbra, hacerte luz, es la única forma de que HAYA luz. Pero que no hace falta que busques una receta, ni los 10 tips a seguir, ni cómo lograrlo paso a paso. Que recuerdes que a ti ya te ha pasado, seguro. Mira a ver. Seguro. Y a lo mejor ni te has dado cuenta de que tú también brillas en la oscuridad.

Yo me di cuenta que me ocurría, sin ponerlo en práctica egoístamente, sino al revés, me sucedía para mi bien sin ser esa la intención primera.
Claro, cuando te das cuenta, engancha. No hay ejemplo más claro del manido win-win.



Da igual que estés apagada
Recuerdo que, con una compañera de trabajo y amiga, nos dimos cuenta que daba igual cómo estuviéramos anímicamente, había algo que siempre mejoraba nuestro ser, y era la semana que teníamos que dedicarnos a impartir sesiones de empoderamiento personal y profesional a grupos de búsqueda de empleo. Era absolutamente transformador y, además, automático. Tanto, que cuando teníamos un día gris, adoptamos la expresión “necesito una semana de talleres”. Es entrar en el aula, y cambia hasta la postura corporal, la expresión de la cara, el tono de voz. Y lo mejor, es que te lo llevas, no es solo el ratito de intervención, esa mejora se queda en ti, te hace brillar en tu oscuridad.

Nos sigue pasando. Me sigue ocurriendo. Con caga grupo al que intento motivar, animar al cambio, negociar mejoras. Acompañar y caminar juntas. El reto de cambiar la energía de un equipo, requiere tal inversión emocional, que, en efecto, se invierte dicha energía, también la tuya, haciéndote brillar. Comienza siendo un brillo más interno, casi una vibración, que acaba explotando y brotando por cada poro de tu piel, imparable, inapagable. 

Cuando te miran esperando luz, da igual que estés apagada. Como esos detectores de los baños que te hacen hacer aspavientos, tu gente se convierte en gestos y de manera automática, por detección de la necesidad, se enciende tu luz, y brillas en la oscuridad, en tu oscuridad.

Si las heridas sangraran flores
Me encanta el estribillo de una canción que escribió un amigo, que decía “si las heridas sangraran flores, te haría un collar de tantos colores, que quedarían sin luz los soles”. Tal cual. Tener valores firmes en ocasiones (te) hace daño, ser coherente a veces (te) lastima, vivir en el universo de las personas altamente sensibles, produce heridas. Heridas que sangran flores, que necesitan luz para sanar.

Cuanto más oscura sea la senda que recorres, mayor parecerá la luz de cualquier pequeño destello. Mayor la sensación de resurgir, de “por ti me hago luz” aunque sea inconscientemente. Si las heridas sangraran flores… crecerían con la luz de los ojos que acompañan, de los ojos espejo, de los ojos que resurgen para otros ojos empañados.

Lo que te vuelve brillo
Cuando el alma está sombría, y el cuerpo es debilidad, y se instala el ‘a punto de llorar’ muchas horas al día. Cuando la oscuridad que da la tristeza lo cubre todo, y se tiñen de negro cielo y tierra. Ahí, descubrirás lo que te hace volver, lo que te hace brillar, lo que te vuelve luz. Esos días que más que amanecer pareces resucitar. Observa qué es lo que te hizo brillar. Por favor, agárralo fuerte. Hazlo cotidianidad.

Todas deberíamos encontrar aquello que, mediante la interacción, nos hace brillar en la oscuridad.

Porque ese brillo es el esencial, no nos hace brillar sobre otros, ni más que otros, ni deslumbra, es el brillo de la supervivencia y la superación, de la entrega, de la transformación, personal y social, ese es el que cambiará el mundo oscuro que tenemos, dentro y fuera, el que surge cuando anteponemos lo común a lo individual, cuando damos al otro su lugar sin perder de vista el nuestro, el que salva el alma propia y colectiva, el brillo que inunda sin ser invasivo, el que señala caminos mejores, el que ayuda a trazar vías de esperanza y a dibujar los mejores escenarios posibles. El brillo que surge del momento más lúgubre para salvar el día, o para salvar la vida. El más ancestral, genuino, que emana del pecho y recorre tu esencia; que tiene su génesis en no sabes dónde, porque te parecía imposible en ese instante, en ese lugar emocional. Y de repente, luz.