Artículo originalmente escrito para el Blog de Elena Arnáiz #HoyBrilla y publicado el 9 de noviembre de 2019.
Me
gustaría hablaros en esta preciosa tribuna que me prestan, sobre cuando ser
gusiluz es la única opción, elegida o no. Esas ocasiones en las que brillar es
la única forma de arrojar luz en el camino. Aun sin querer. Me explico.
Seguro
que, expresado de una forma u otra, has escuchado o leído alguna vez aquello de
“si te encuentras mal, ayuda a otros y te sentirás mejor”. Una cosa te voy a
decir, descubrí que eso era cierto sin hacerlo a propósito. Sin querer, sin
intencionarlo. Me di cuenta de que eso me pasaba a mí. Y no solo a mí. Pero
también a mí. Absolutamente metamórfico. Completamente luciernagante. En
momentos de plena penumbra, hacerte luz, es la única forma de que HAYA luz.
Pero que no hace falta que busques una receta, ni los 10 tips a seguir, ni cómo
lograrlo paso a paso. Que recuerdes que a ti ya te ha pasado, seguro. Mira a
ver. Seguro. Y a lo mejor ni te has dado cuenta de que tú también brillas en
la oscuridad.
Yo me di
cuenta que me ocurría, sin ponerlo en práctica egoístamente, sino al revés, me sucedía
para mi bien sin ser esa la intención primera.
Claro,
cuando te das cuenta, engancha. No hay ejemplo más claro del manido win-win.
Da igual
que estés apagada
Recuerdo
que, con una compañera de trabajo y amiga, nos dimos cuenta que daba igual cómo
estuviéramos anímicamente, había algo que siempre mejoraba nuestro ser, y era
la semana que teníamos que dedicarnos a impartir sesiones de empoderamiento
personal y profesional a grupos de búsqueda de empleo. Era absolutamente
transformador y, además, automático. Tanto, que cuando teníamos un día gris,
adoptamos la expresión “necesito una semana de talleres”. Es entrar en el aula,
y cambia hasta la postura corporal, la expresión de la cara, el tono de voz. Y
lo mejor, es que te lo llevas, no es solo el ratito de intervención, esa mejora
se queda en ti, te hace brillar en tu oscuridad.
Nos sigue
pasando. Me sigue ocurriendo. Con caga grupo al que intento motivar, animar al
cambio, negociar mejoras. Acompañar y caminar juntas. El reto de cambiar la
energía de un equipo, requiere tal inversión emocional, que, en efecto,
se invierte dicha energía, también la tuya, haciéndote brillar. Comienza siendo
un brillo más interno, casi una vibración, que acaba explotando y brotando por
cada poro de tu piel, imparable, inapagable.
Cuando te
miran esperando luz, da igual que estés apagada. Como
esos detectores de los baños que te hacen hacer aspavientos, tu gente se
convierte en gestos y de manera automática, por detección de la necesidad, se
enciende tu luz, y brillas en la oscuridad, en tu oscuridad.
Si las
heridas sangraran flores
Me
encanta el estribillo de una canción
que escribió un amigo, que decía “si las heridas sangraran flores, te haría un
collar de tantos colores, que quedarían sin luz los soles”. Tal cual. Tener
valores firmes en ocasiones (te) hace daño, ser coherente a veces (te) lastima,
vivir en el universo de las personas altamente sensibles, produce heridas.
Heridas que sangran flores, que necesitan luz para sanar.
Cuanto
más oscura sea la senda que recorres, mayor parecerá la luz de cualquier
pequeño destello. Mayor la sensación de resurgir, de “por ti me hago luz”
aunque sea inconscientemente. Si las heridas sangraran flores… crecerían con la
luz de los ojos que acompañan, de los ojos espejo, de los ojos que resurgen
para otros ojos empañados.
Lo que te
vuelve brillo
Cuando el
alma está sombría, y el cuerpo es debilidad, y se instala el ‘a punto de
llorar’ muchas horas al día. Cuando la oscuridad que da la tristeza lo cubre
todo, y se tiñen de negro cielo y tierra. Ahí, descubrirás lo que te hace
volver, lo que te hace brillar, lo que te vuelve luz. Esos días que más
que amanecer pareces resucitar. Observa qué es lo que te hizo brillar. Por
favor, agárralo fuerte. Hazlo cotidianidad.
Todas
deberíamos encontrar aquello que, mediante la interacción, nos hace brillar en
la oscuridad.
Porque ese
brillo es el esencial, no nos hace brillar sobre otros, ni más que otros,
ni deslumbra, es el brillo de la supervivencia y la superación, de la entrega,
de la transformación, personal y social, ese es el que cambiará el mundo oscuro
que tenemos, dentro y fuera, el que surge cuando anteponemos lo común a lo
individual, cuando damos al otro su lugar sin perder de vista el nuestro, el
que salva el alma propia y colectiva, el brillo que inunda sin ser invasivo, el
que señala caminos mejores, el que ayuda a trazar vías de esperanza y a dibujar
los mejores escenarios posibles. El brillo que surge del momento más lúgubre
para salvar el día, o para salvar la vida. El más ancestral, genuino, que
emana del pecho y recorre tu esencia; que tiene su génesis en no sabes dónde,
porque te parecía imposible en ese instante, en ese lugar emocional. Y de
repente, luz.
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