miércoles, 14 de julio de 2021

Se buscan buenas personas #TPWK

Al final del día, lo importante es estar rodeada de buenas personas, y en tu puesto de trabajo pasas muchas horas al día como para experienciar lo contrario.

Tras muchas conversaciones con empresas, colegas del acompañamiento al empleo, profesionales de la gestión del talento, personas en búsqueda de empleo… la conclusión es similar: se buscan buenas personas. Lo demás, es entrenable, aprendible, mejorable, y tan particular en cada puesto de trabajo, que nunca lo sabrás todo al llegar, ni falta que hace. Pero ser buen compi, eso se ES (o no). De eso no hay Máster, ni puntúa en el baremo. Y debería.

En serio, en tu propio equipo de trabajo, ¿qué prefieres? ¿una buena persona a la que entrenar el tiempo que necesite o un súper listómetro insoportable? O peor aún, una persona encantadora traicionera. Buenas personas siempre.

No estamos hablando de esas personas de las que decimos “es muy buen persona, y muy majo, pero es que no le da para más”. No. Estamos hablando dentro del nivel profesional medio. Ser buena persona NO es suficiente, evidentemente, para el desempeño óptimo de un puesto. Pero, entre un 5/10 en destreza laboral que es buena persona y un 8/10 que es regulero personalmente, me quedo con el primero sin dudarlo. Y muchas empresas también.

Al fin y al cabo, ¿qué son las famosas competencias blandas, soft skills, destrezas interpersonales, habilidades sociales, …? -llámalas como quieras según la época-. Son ser maja, desenvuelta, simpática, buena persona y buena compañera. Y otras muchas cosas, pero eso de base.

Se nos llena la boca de la importancia para el candidato, para la empresa, para el proceso de selección, del famoso “trabajo en equipo”. Y seguimos ejerciéndolo con el enfoque puzle, cada uno hace su parte y lo juntamos después (qué recuerdos, ¿eh?). Eso no es trabajo en equipo, eso es rompecabezas mediocre. Trabajar en equipo es respeto al tiempo y a los tiempos de los demás, es apertura, escucha, cariño profesional, cuidado mutuo, enfoque colectivo, colaborar sin competir por un objetivo común, alentar, reconocer, apoyar. Felicitar -sinceramente- cuando hay un logro “ajeno”, generar buen ambiente y compañerismo, visión comunitaria. En definitiva, muchas cosas del trabajo en equipo, no están directamente relacionadas con el trabajo, y sí más con el equipo. Con las personas. Y mejor, si son buenas personas. Y mejor aún, ser una de ellas.


Ojo, que esto tiene que ESTAR en las personas, pero también en el estilo de liderazgo, que lo debe promover. Y que ambas cosas coincidan, lo sabemos, es complicadísimo, pero debería ser la tendencia. Por el bien de las personas y de las organizaciones. ¿Sabrán algunas personas líderes de equipos aquello de “la persona que trabaja un poquito más feliz es más productiva”?... tiene pinta de ser de esas cosas que la teoría muy bien, pero en la práctica, ya me apaño yo con mis clásicos chungos. Y divido a ver si venzo, o al menos, que no se me note mucho que no sé lo que hago en cuanto a gestión de personas.

En un encuentro con empresas tecnológicas hace poco, ese sector TAN especializado, un jefón nos decía “es que al final, lo que queremos es gente maja”, y eso da esperanza. Y es que bien mirado, es una argumento absolutamente ganador, ¿quién no quiere estar de buen rollo en el trabajo? Pues haberlos, haylos. Por amargura, por miedo a su propia mediocridad, por inseguridad, por aprendizajes tristes, por jerarquías arcaicas, por lo que sea. Bueno, y que todas sabemos que, si una persona está de buen rollo en el trabajo, es porque trabaja mucho menos que nadie [modo irónico on, pa los cortos].

“Personas majas”, nos dicen. Escuchad. Sedlo. Personas majas, buenas personas, que sonríen, que saludan, que abrazan (sí, en la oficina, no te vas a morir, pasas allí un tercio de la vida como poco), que echan un cable, que no pisan a nadie ni venden a su madre por un poco de casito, que ven opciones de construir juntas en lugar de carreras de obstáculos. Compañerismo era eso.

Que sí, que estamos muy “quemaos” y que vaya último año y medio de aguante emocional… pero que no se arregla siendo peor, solo siendo mejor (persona). Y si no, busca un lugar donde estar mejor, donde SER mejor. Y no des por saco. Hombre ya. Que al final me cabreo jajaja.

Se buscan buenas personas. SE NECESITAN.

Si lees esto y alguna vez fui “tu compañera tóxica” ten por seguro que no había una estrategia de nada detrás, probablemente un momento de mierda y pocas herramientas. Porque no solo miro hacia afuera, a lo mejor he sido un venenito a veces; muchas, lo he identificado y he trabajado en atajarlo, porque mi esencia no es esa. Otras, ni me habré dado cuenta. Pero intento con todas mis fuerzas SUMAR. Y el día que no tengo fuerzas o sonrisa, al menos, NO restar.

No cuesta tanto un cumplido, una sonrisa bajo la mascarilla. No sabíamos que las arrugas alrededor de los ojos iban a ser tan importantes, tan comunicativas, tan trascendentales. Ya no uso contorno de ojos por si alguien no notara que le estoy sonriendo. No cuesta tanto un “¿estás bien?”, un “esto lo hicimos juntas” en lugar de medallas a escondidas, un “hoy invito yo”; no cuesta tanto un “vete a casa, yo lo acabo”. No cuesta tanto, y vale MUCHO. Vale la vida (la profesional, también es vida). No cuesta tanto y lo estoy viendo cada vez en más personas a mi alrededor, lo que me hace profunda ilusión, llamadme inocente -que lo soy-, pero igual… Algunas personas sí salieron mejores…

Se buscan buenas personas. Almas de [Re]Construcción Masiva.

 

PD: Os dejo esta maravillosa canción, Treat People with Kindness [#TPWK], del gran Harry Styles, para vuestro disfrute.  



martes, 5 de enero de 2021

Almas de (Re)Construcción Masiva

Las que hacen falta, las que más hacen falta, las necesarias y siempre necesarias, pero ahora esenciales. Las almas que son piezas de un puzzle mágico, y no las que son puño enfadado que arroja por los aires con su ira los fragmentos construidos.

Almas de visión conjunta, central y periférica. Capaces de ver la imagen final, y no solo su apariencia en la foto (esa no, saca otra…).

Almas sociales, de construcción masiva. Edifican vidas con cimientos resquebrajados, desde sus propias grietas, desde su a punto de demolición. Amianto en las venas, amor en la intervención.

Imagen de Michael Gaida en Pixabay

Con el miedo a mañana, como tú, con la inseguridad digital, como tú, con las niñas junto al ordenador, casi como tú, con la mascarilla en el corazón y el miedo en el cuerpo… como tú. Con la fuerza de un huracán vocacional. Con las ganas de crear rumbos nuevos, para ti, la creatividad de dibujar otros mundos, para ti; ingeniería de caminos, canales y puertos… hacia el empleo, hacia la vida, hacia la nueva normalidad, para ti.

Almas generosas, de construcción conjunta. Con visión global e individual, con amplitud de miras, que trasciende telediarios y transforma terror en templanza. Que se unen en cadena para llegar más lejos, más cerca, de ti.

Almas armadas hasta las cejas de empatía, tan repetida, tan poderosa. Que lloran cuando no mira nadie, que se agotan a media tarde, que recobran el aliento cuando subes otro escalón. Almas sin tregua, sin restricción perimetral, que se expanden hacia ti, por ti, para ti, desde ti. Almas por lo común, lo comunitario y la comunidad.

Almas que suman, que caminan en resolutivo, y no enrabietadas por colores ni gestores; que abordan cada reto como un acertijo amoroso, que vibran hacia el encuentro y no hacia la llorería.

Almas de deconstrucción masiva. Fragmentando realidades, reorganizando materias primas emocionales, creando nuevas estructuras de afrontamiento y  gestión.

Las almas que inspiran, que unen, que bordan tu nombre con hilo de oro en los registros de datos, que guardan tu secreto para susurrarte al oído en el momento que estés preparada, que narran tu historia como ejemplo a quienes serán mañana historias de ejemplo. Que entrelazan caminos de otras almas en búsqueda, tejiendo redes de acompañamiento y fortaleza.

Almas por el bien mayor. El que alcance a más gente, a más personas, aunque yo no sea una de ellas.

Ánimas crujientes, siempre como recién hechas, que huelen a sonrisa y a galletas de coco. Que alimentan al alma de enfrente, que caminan a su lado, que respiran profundo entre alma y alma, mirando sin ver un boli sobre la mesa como si fuera el infinito. Coge aire, seguimos.

Son las almas que aportan, que sugieren, que visualizan, aman, facilitan, proyectan, futurizan, creen, crean, CONSTRUYEN.

Las que hacen falta, las que más hacen falta, las necesarias y siempre necesarias, pero ahora esenciales. Mas que en ningún otro momento, nos necesitamos en luz ALMAS DE RECONSTRUCCIÓN MASIVA.

domingo, 9 de febrero de 2020

CUANDO LLEVAS EN EL ALMA EL CAMBIO SOCIAL


Utópica. Ingenua. Idealista (sin puntocom). Jipi. Ilusa. Soñadora. Ya se te pasará. Ya está con sus cosas. La kuki.

Todo eso y mucho más. Mucho tiempo. Todo el tiempo. Desde que tengo memoria. Casi me lo llegué a creer. ¿A ti te lo decían? Que estabas loca, que eras rara, que no eras realista, que demasiado sensible, que demasiado fe en la humanidad. Casi me lo creo. Menos mal que no.

Todas las personas que te dicen eso, no han hecho nunca, nada, que les haga sentir que están marcando la diferencia. Que han cambiado una vida. Que dejan alguna huella de mejora en el mundo. Nunca. Por eso quieren que tú tampoco, que tú nunca, que tú nada. Pero tú no eres tampoco, ni nunca, ni nada. Tú eres vamos, hagamos, cambiemos. Tú llevas en el alma el cambio social. ¿Y sabes qué? Es imparable.




Es invencible, es superlativo. Lo tienes, y sale, ya veremos cómo. Es inexpugnable, es inevitable, es fuerza de huracán, huracanes que se buscan, se encuentran, que arrasan la desidia, desatan ciclones de transformación, de avance, de sonrisa proyectada, de abrazo ante el agravio. A veces amaina, en ti, la intensidad del impulso. Descansas, respiras, vuelves. Es lo que eres. En ocasiones quisieras no serlo. Da igual, eres irremediable, necesaria, cíclica y enérgica. Sigues.

Leí una vez “que todo lo que pase a través de ti, se transforme”. Nadie te habla de cómo te transforma lo que se transforma. Del famoso aleteo de mariposa que acaba en tifón-bumerán, que te vuelve: facilitaste una chispa, y hoy arde el alma de un mundo. Calor de la llama del hogar común. Llevabas en el corazón a fuego el cambio social. Solo podía prender, aprender, aprehender. Pólvora vital, irremisible, inquebrantable.

Desde tu cuarto, tu barrio, tu curro o tu gerencia. Cambiarás el mundo porque cambias un micromundo; porque tu poco es mucho, porque mucho se hace con miles de pocos. Porque somos más de lo que imaginas, y, sobre todo, más de los que imaginan. Porque empezamos a reconocernos y a mirarnos a los ojos, y ya no hay miedo, ni pudor, ni duda, ni “bah, ¿para qué?”, ni soledad desgarradora de quien desagua un barco a dedales. Porque llevamos el cambio social en las entrañas, y acompañamos en la mejora de caminos vitales que cambian el mundo; Aunque suene pretencioso, aunque suene autocomplaciente. Es lo que hacemos. ¿Tú no? ¡Ah! Haber elegido susto.

jueves, 21 de noviembre de 2019

BRILLAR EN LA OSCURIDAD


Artículo originalmente escrito para el Blog de Elena Arnáiz #HoyBrilla y publicado el 9 de noviembre de 2019.

Me gustaría hablaros en esta preciosa tribuna que me prestan, sobre cuando ser gusiluz es la única opción, elegida o no. Esas ocasiones en las que brillar es la única forma de arrojar luz en el camino. Aun sin querer. Me explico.

Seguro que, expresado de una forma u otra, has escuchado o leído alguna vez aquello de “si te encuentras mal, ayuda a otros y te sentirás mejor”. Una cosa te voy a decir, descubrí que eso era cierto sin hacerlo a propósito. Sin querer, sin intencionarlo. Me di cuenta de que eso me pasaba a mí. Y no solo a mí. Pero también a mí. Absolutamente metamórfico. Completamente luciernagante. En momentos de plena penumbra, hacerte luz, es la única forma de que HAYA luz. Pero que no hace falta que busques una receta, ni los 10 tips a seguir, ni cómo lograrlo paso a paso. Que recuerdes que a ti ya te ha pasado, seguro. Mira a ver. Seguro. Y a lo mejor ni te has dado cuenta de que tú también brillas en la oscuridad.

Yo me di cuenta que me ocurría, sin ponerlo en práctica egoístamente, sino al revés, me sucedía para mi bien sin ser esa la intención primera.
Claro, cuando te das cuenta, engancha. No hay ejemplo más claro del manido win-win.



Da igual que estés apagada
Recuerdo que, con una compañera de trabajo y amiga, nos dimos cuenta que daba igual cómo estuviéramos anímicamente, había algo que siempre mejoraba nuestro ser, y era la semana que teníamos que dedicarnos a impartir sesiones de empoderamiento personal y profesional a grupos de búsqueda de empleo. Era absolutamente transformador y, además, automático. Tanto, que cuando teníamos un día gris, adoptamos la expresión “necesito una semana de talleres”. Es entrar en el aula, y cambia hasta la postura corporal, la expresión de la cara, el tono de voz. Y lo mejor, es que te lo llevas, no es solo el ratito de intervención, esa mejora se queda en ti, te hace brillar en tu oscuridad.

Nos sigue pasando. Me sigue ocurriendo. Con caga grupo al que intento motivar, animar al cambio, negociar mejoras. Acompañar y caminar juntas. El reto de cambiar la energía de un equipo, requiere tal inversión emocional, que, en efecto, se invierte dicha energía, también la tuya, haciéndote brillar. Comienza siendo un brillo más interno, casi una vibración, que acaba explotando y brotando por cada poro de tu piel, imparable, inapagable. 

Cuando te miran esperando luz, da igual que estés apagada. Como esos detectores de los baños que te hacen hacer aspavientos, tu gente se convierte en gestos y de manera automática, por detección de la necesidad, se enciende tu luz, y brillas en la oscuridad, en tu oscuridad.

Si las heridas sangraran flores
Me encanta el estribillo de una canción que escribió un amigo, que decía “si las heridas sangraran flores, te haría un collar de tantos colores, que quedarían sin luz los soles”. Tal cual. Tener valores firmes en ocasiones (te) hace daño, ser coherente a veces (te) lastima, vivir en el universo de las personas altamente sensibles, produce heridas. Heridas que sangran flores, que necesitan luz para sanar.

Cuanto más oscura sea la senda que recorres, mayor parecerá la luz de cualquier pequeño destello. Mayor la sensación de resurgir, de “por ti me hago luz” aunque sea inconscientemente. Si las heridas sangraran flores… crecerían con la luz de los ojos que acompañan, de los ojos espejo, de los ojos que resurgen para otros ojos empañados.

Lo que te vuelve brillo
Cuando el alma está sombría, y el cuerpo es debilidad, y se instala el ‘a punto de llorar’ muchas horas al día. Cuando la oscuridad que da la tristeza lo cubre todo, y se tiñen de negro cielo y tierra. Ahí, descubrirás lo que te hace volver, lo que te hace brillar, lo que te vuelve luz. Esos días que más que amanecer pareces resucitar. Observa qué es lo que te hizo brillar. Por favor, agárralo fuerte. Hazlo cotidianidad.

Todas deberíamos encontrar aquello que, mediante la interacción, nos hace brillar en la oscuridad.

Porque ese brillo es el esencial, no nos hace brillar sobre otros, ni más que otros, ni deslumbra, es el brillo de la supervivencia y la superación, de la entrega, de la transformación, personal y social, ese es el que cambiará el mundo oscuro que tenemos, dentro y fuera, el que surge cuando anteponemos lo común a lo individual, cuando damos al otro su lugar sin perder de vista el nuestro, el que salva el alma propia y colectiva, el brillo que inunda sin ser invasivo, el que señala caminos mejores, el que ayuda a trazar vías de esperanza y a dibujar los mejores escenarios posibles. El brillo que surge del momento más lúgubre para salvar el día, o para salvar la vida. El más ancestral, genuino, que emana del pecho y recorre tu esencia; que tiene su génesis en no sabes dónde, porque te parecía imposible en ese instante, en ese lugar emocional. Y de repente, luz.



martes, 23 de julio de 2019

TU IMPRONTA ES TU MARCA

Tranquis, este no es un artículo sobre marca, ni personal ni otra. O sí, pero no pretende serlo.

Es un post sobre emociones, como es habitual.

Las emociones que generas en otros. ¿Y otros en ti? Tal vez.

Y sí, vuelvo a hablar de profesionales del empleo. Orientadoræs principalmente. Y de otras personas importantes.




Suelo tener muy presente la frase de la artista y activista Maya Angelou: “La gente olvidará lo que dijiste, lo que hiciste, pero nunca olvidará cómo la hiciste sentir” porque la primera vez que la leí, entendí muchas cosas. Entendí, en primer lugar, que era absolutamente cierta. Entendí que la perfección de unos contenidos, también está en cómo los transmitas, y comprendí que no puedes aportar valor a otros si no crees desde el fondo de tu alma en aquello que les estás contando.

Puedes ser una persona exitosa, hacer charlas, vender libros, acumular likes a miles… pero todo será efímero, y lo más grave, intrascendente para ti y para el mundo, si no has generado emociones significativas. Y ojo, porque es fácil provocar sensaciones impactantes momentáneas. Pero emociones significativas… es otra cosa.

Nunca olvidarán cómo les hiciste sentir. Esa es la clave. Esa es tu impronta. Y sabes que una verdad es verdad cuando te pones al otro lado, y recuerdas quién te ha hecho sentir qué y cómo. Y cuando lo cuentas, suele empezar con algo como: no recuerdo exactamente lo que dijo, pero me sentí... fenomenal/estupefacta/entusiasmada/fatal/impactada. Ahí lo tienes. Y si recuerdas exactamente lo que dijo, es por cómo te hizo sentir aquello.

La impronta. Mi madre era la matriarca de mi familia extensa. Era una mujer de carácter, con un gran sentido del humor pero también de mucho mal genio que decíamos antes, muy vehemente e histriónica; e increíblemente generosa, en lo personal y en lo social. Y muy, muy matriarca. Falleció hace cuatro años, tras 17 de estar muy limitada vitalmente. Por su estado de salud, la mayoría de los familiares que regresaban de visita a nuestra ciudad desde lejos, por aquello de la fuga de talentos, una de las primeras cosas que hacían era pasar por su casa a visitarla. Allí reíamos, nos reñía por algo, la vacilábamos... nos juntábamos algunos un rato. Tras cuatro años sin ella, una de las primeras cosas que siguen haciendo nuestros familiares, es pasar por esa casa. Ahora vivo yo. Es mi casa, pero es su impronta.

Nunca olvidarán cómo les hiciste sentir.

Hace tres años, mientras intervenía en orientación y acompañamiento al empleo mediante itinerarios personalizados de inserción, desarrollé una actividad de la que he hablado en numerosas ocasiones, La fuerza de una imagen, en la que, mediante unas sesiones de fotos y un montaje audiovisual, les hicimos ver a unos cuantos jóvenes todo lo positivo que proyectan. La actividad en sí, fue una pasada. Os aseguro que nunca olvidarán lo que les hicimos sentir. Pero igualmente, no se puede entender como una acción aislada, sino como culminación de un recorrido de muchos meses de trabajo. Las personas protagonistas no fueron elegidas al azar ni mucho menos, y no se hubiera alcanzado el objetivo que tanto nos emocionó, si no hubiera habido detrás todo un camino recorrido juntos en el que también se les acompañó a sentir. Eso es lo que marcó el punto de inflexión que fue esta actividad: estábamos sembrando sobre campo arado y no lanzando semillas a ver si alguna germinaba. Y probablemente habían olvidado muchos conceptos de los talleres previos y pautas de las sesiones de orientación, pero habían aprendido a mirarse de otra forma, y no olvidarían cómo eso les hace sentir. Eso es lo que recordarán. Cuando presenten su candidatura, cuando hagan una entrevista. Eso también es orientación. Es seguridad, es crecimiento, es emoción. Es, de hecho, fundamental.

Es cada vez que te dicen “tú me lo enseñaste”, y por más que repasas tus índices de contenido, eso no venía. Pero es que lo aprendió en el cigar del descanso con la charla informal, o mientras hablabas de otra cosa que por asociación de ideas le hizo entender. Nunca olvidarán cómo les hiciste sentir. Y tú, nunca olvidarás cómo te hicieron sentir con cada “tú me lo enseñaste”. Droga dura. Respira, que no se note que te explota el orgullo por dentro, no vaya a parecer amor propio, y te tiemble el labio al intentar hablar. Porque tu impronta les ha dejado huella, pero lo que nunca sabrán es que cada uno de ellos y ellas, cada historia, cada avance, cada guiño, cada risa compartida, cada abrazo inesperado… han dejado en ti mucho más que un recuerdo entrañable. Porque olvidarás lo que dijeron, lo que hicieron, pero nunca olvidarás cómo te hicieron sentir.

domingo, 2 de junio de 2019

GRACIAS, TÚ


Ya empieza a conocerse bien, o al menos mejor. Ya no es la profesión ultra desconocida de hace años. El acompañamiento al empleo, ya nos suena, la orientación laboral está casi en la cotidianidad. Pero seguramente la mayoría de las personas no conocen en profundidad a la figura del técnico de empleo.

Y no me refiero a cuáles son sus funciones, o cuales han de ser sus competencias, o qué perfil es el adecuado. Sino a la persona que hay detrás del técnico de orientación y acompañamiento al empleo. En primer lugar, le vamos a cambiar la terminación, porque el 90% son orientadorAs, ese dato ya nos acerca un poco más a la figura real de la que quiero hablaros. Pero, sobre todo, a las que quiero mostrar agradecimiento.



Gracias, porque tu papel no es, como muchas piensan, tres tutorías, un currículum y cuatro sesiones grupales. Es mucho más. Gracias por la integralidad.

Gracias, orientadora, porque tu primera sesión es a menudo la catarsis de una vida a la deriva, real o magnificada, que has de contener y calibrar, que sostienes con destreza para que no se desmorone, y que, en medio del huracán, has de reconducir hacia la esperanza.

Gracias, porque desde ese momento estás haciendo terapia (entiéndase el término alejado de la clínica), pero sí en muchas ocasiones cubriendo un servicio que debería venir dado como derecho ciudadano y que ejercemos otras figuras con la templanza que da la experiencia.

Gracias por la inquietud con la que esperas si vendrá o no la segunda sesión… si vuelve ¿algo fue bien?, y si no, ¿dejadez o insuficiencia?

Gracias por la sonrisa de recibimiento. No, no es tan habitual. Sí, es muy necesaria. Puede cambiarlo todo.

Gracias por diseñar sesiones de intervención grupal que despertarán sueños y renacimientos, que recuperan la chispa interior, que tejen redes irrompibles, que infunden (auto)confianza, empujan a la sonrisa, recuerdan esencias, cambian miradas, devuelven las ganas de hacer y ser, y dibujan futuro. Gracias por hacer todo esto, muchas veces, después de cenar o el sábado por la tarde…

Gracias por apostar por aquella persona que hasta a ti te da miedo que abandone, pero a quien transmites tu entera confianza, para que se enganche a través del vínculo y triunfe gracias a su esfuerzo y talento, del que ni era consciente.

Gracias por la lupa que facilitas a las personas empequeñecidas, mediante la cual consiguen verse, verse mejor, verse más, verse real, crecer, ser.

Gracias por seguir buscando acciones formativas que tengan algo de innovadoras, algo de motivadoras, algo de futuribles, algo de accesibles… para que le sirva, le cualifique, le capacite, le brinde oportunidades.

Gracias por esperar hora y media en una sala o un pasillo, hasta que te recibe una persona en una empresa a la que has de convencer de todo lo anterior, y conseguir que te lo compre, que crea en ello, que nos acompañe. Gracias por hacerlo sacrificando tu conciliación.

Gracias por la llamada maternal cuando te avisan en la empresa que alguien no ha asistido a las prácticas, y das la cara por esa persona, mientras por la otra línea le pegas un rapapolvo que tumba cualquier excusa.

Gracias por la incesante búsqueda de posibilidades, por las llamadas infinitas cazando oportunidades, por diversificar opciones por si acaso.

Gracias por ESA llamada: mañana tenemos entrevista.

Gracias por ESA llamada: Has sido seleccionada.

Gracias por esos días en lo que piensas: no llego. Y coges aire, y piensas “Por ell@s, sigo”. Y a veces cuesta un enfrentamiento personal, un restar tiempo a ‘lo otro’, un anochecer en la oficina. Pero, por ell@s, sigues. Es la diferencia entre profesión y vocación.

Gracias por hacerlo todo al módico precio de los salarios en el ámbito social… porque claro, todo lo anterior, que tiene como consecuencia, “simplemente” cambiar vidas, no se puede comparar a otros rangos salariales industriales o financieros, porque par favar, lo social, da gracias que es remunerado, calla ya.

Gracias por la resiliencia, que está muy de moda ahora, pero nosotras la conocimos hace mil. Nos la enseñaron nuestras persona beneficiarias.

Gracias por la gestión, que nos come, nos come, y cada vez parece que ocupa más, restando espacios al alma de la ocupación. Hace posible que sigamos, pero, ¡ay!, como cuesta, como limita, como restringe. A ver si la dichosa transformación digital nos aporta algo en esto 😊

Y gracias por la ternura, la adaptabilidad, la frescura, la ilusión, la fortaleza, la alegría, la empatía, el valor, las risas, las lágrimas, el abrazo laboral, el personal, el guiño valiente, el ver más allá, el empuje, la improvisación, el apoyo, … el acompañamiento incondicional.

Gracias por elegir, o dejaros elegir, por la profesión que ensancha el alma de todas las partes implicadas. Por hacer que TODO ENCAJE.

Lo que haces, marca la diferencia.

martes, 14 de agosto de 2018

DICE ROBERTO QUE SOMOS CHISPA

Roberto vivía básicamente en su habitación, escuchando jevi, jugando videojuegos y maldiciendo cosas, porque era muy chungo, y estaba muy jodido, o eso creía él.

En realidad, era un cachondo. Disfrazaba cada interacción social de ironía, no vaya a ser que acabara en vínculo. Acababa las frases en voz baja, pero siempre soltando la última pullita entre el ‘no se me oye’ y ‘a ver si se me oye’. Yo me partía de risa. Era diferente, genialmente diferente. Y a lo que tenía pánico, era a ser igual. No lo eras, nunca lo serás.

En realidad, en la primera entrevista que tuve con él, me lo dijo: me defino como un cachondo, flexible y puntual. Más adelante me confesó entre risas que todo lo que dijo en aquella primera sesión, prácticamente lo improvisó y se lo inventó: “Dije que quería ser conductor de autobús, ahora lo pienso y digo, ¿queééé?, inventado total para salir del paso y que dejaras de preguntarme cosas”. Un crack.

Me miraba con cara de “qué tía más cansina”, cada vez que aparecía y le saludaba en voz muy alta buscando su respuesta y que todos los de alrededor me/nos oyeran: “BUENAS TARDES ROBERTO”, y ponía carita de qué si, que me dejes. Pero a la siguiente saludaba, y más adelante, ya le daba la risa y se adelantaba él a saludar. Habíamos ganado. Ambos.

Y así siguió creciendo, en cada taller, en cada sesión, en cada actividad, curso, prácticas... Espectacular evolución, de la que nos dejó ser testigos a un grupo de profesionales que guardamos en el recuerdo y en el corazón el camino andado junto a él. Roberto se convirtió en participante de todas las compañeras, todas sabían quién era y el giro que estaba dando a su vida. Y se lo quería perder.

Roberto exprimió a fondo participar en un proyecto de itinerarios, cada minuto supuso un reto y un avance. Intercaló contratos de trabajo con más formación y acciones de orientación. Genial.

Del comienzo de todo esto hace dos años y medio. Y ahora, transcurrido ese tiempo, DICE ROBERTO QUE SOMOS CHISPA.

Foto: Unsplash


Y quiero contaros qué más dice, dejando que leáis (con su permiso, por supuesto) parte de nuestra última conversación...






Tras sus palabras, poco más me atrevo a decir.

Semerja por un instante el posibler. Hay que ser chispa.el punto de inflexiorm y un avance. Intercalólo quisiera añadir que hay muchos robertos (con minúscula, Roberto sólo hay uno, claro está), que hay cientos de historias que se cuecen en nuestro fogones, que hay decenas de vidas que tocamos cada día, que nunca sabes cuál va a ser el momento en el que emerja por un instante el posible punto de inflexión, por eso hay que tratar de estar. Hay que ser chispa.


💥💥💥


¿Os ha entrado curiosidad? Si queréis saber más sobre la trayectoria de -este- Roberto (a algunos/as ya os sonará), le podéis ver:

  • Aquí participando en el curso de Auxiliar de comercio, primera acción de capacitación profesional que realizó, tras varios talleres y sesiones de orientación. (Octubre 2016) 

  • Aquí en la clausura del curso que realizó en el ámbito de comercio. Aun no se animaba a hablar en público... (Diciembre 2016) [me permito un recuerdo especial a la profe, DEP Susana] 
  • Aquí participando en la actividad videográfica “La Fuerza de una imagen” (Diciembre 2016)
  • Aquí participando en una sesión de Mentoring entre iguales durante la presentación del vídeo “La Fuerza de una Imagen”, compartiendo su experiencia con nuevos/as participantes. (Abril 2017)
  • Aquí formando parte del reportaje central de la revista nacional de Cruz Roja. (Mayo 2017)
  • Aquí realizando prácticas de Actividades Auxiliares de Almacén (Junio 2017)
  • Aquí interviniendo en la clausura semestral de acciones formativas de la que formó parte como alumno de logística, contando su trayectoria en el proyecto. (Julio 2017)
  • Y Aquí, a día de hoy, viviendo intensamente, como él mismo cuenta. (2018)